jueves, 24 de junio de 2021

GANADORES DEL CONCURSO DE RELATOS 2020-2021

 

XVII CONCURSO LITERARIO

 

I.E.S. CASTILLA

 

    2020-2021

 

 

    ACTA DEL JURADO DEL XVII CONCURSO LITERARIO

 

 

 

·     1ª CATEGORÍA: 1º Y 2º ESO

 

  Lorena Sánchez Andrés 1ºESO B

 

·     2ª CATEGORÍA: 3º y 4º ESO.

 

                  Estefanía Carrasco Gousseva 3º ESO B

 

·    3ª CATEGORÍA: BACHILLERATO.

 

        Irene Ceinos Riofrío 1º BCB

 

         Paula Crespo Ortega 1º BCA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TODO SE REDUCE A NADA

 

Todo está oscuro y silencioso, pero debo retroceder unos cuantos días…

 

El 22 de junio fui a dar un paseo en barca con mi mejor amigo al río Escarlata. Entonces, sucedió un simple hecho que lo cambió todo. Se me cayó en reloj, ese reloj que él mismo me acababa de regalar. Me giré para ver si podía alcanzarlo, pero era demasiado tarde. Sin embargo, cuando me giré, Gabriel había desparecido. Pero lo extraño era que había dejado algo en su lugar, un reloj. El mismo que se me había caído de la barca.

Me sentí sola, vacía, sin vida. Grité su nombre una y otra vez, sin respuesta. Lo único que se oía era el viento, que soplaba cada vez más fuerte. La barca se volcó y caí al agua. Pero no podía pensar en otra cosa que en Gabriel. Vi el reloj de oro, brillando a menos de dos palmos de mí. Lo último que escuché fue un grito, un grito de Gabriel.

Desperté en la orilla del río, y alguien estaba conmigo, sin saber a dónde mirar ni qué hacer. Era el callado, inocente y solitario Bruno. Me miraba confuso y me preguntó dónde estaba Gabriel. Esa era la pregunta que llevaba haciéndome un tiempo. Pero yo no soy tonta. Bruno no puede aparecer de la nada para sacarme del agua tan rápido si él ya no estaba ahí, por no decir que disimula fatal. Cuando le pregunté, no supo qué decir. Estaba claro que tenía algo que ver. Pero entonces, él intentó quitarme mi reloj y este hizo algo extraño, pues empezó a vibrar y Bruno a temblar. Era como si Bruno estuviera poseído por el reloj, como si le estuviera dando un ataque. Dejó de respirar. Por suerte, llegó la policía. Dijeron que habían recibido una llamada anónima en la que los advertían de que algo malo iba a ocurrir, empezando por el río Escarlata. O bien alguien nos advertía y protegía, o nos hacía sufrir, y yo apostaba por la segunda, aunque me equivocaba.

Mis padres fueron a buscar a Gabriel y mi hermana mayor y yo nos quedamos en casa. No sé qué pasó esa noche, pues nosotras siempre estábamos juntas. Sin embargo, cada una nos encerramos en nuestro cuarto. Observé detenidamente el reloj. Estaba lleno de maldad y, desde luego, no era un reloj normal. Lo que fuera eso, aunque tuviera forma de un reloj, había causado daño y tenía que ser destruido. Lo tiré al suelo y su mecanismo salió disparado hacia todos lados. Ahí llegó mi sorpresa al ver lo que estaba escrito en la caja del reloj:

“Secretos escondidos se revelarán,

gira estas manecillas y me encontrarás”.

 

¡Maldito reloj! Jugó con mis ganas de encontrar a Gabriel y yo, como una tonta, caí en su trampa y lo obedecí. Volví a montar el reloj y giré las manecillas, a la hora en la que estábamos en el río. Todo se volvió negro durante una fracción de segundo y, para mi sorpresa, reaparecí en la cima de un acantilado, con primer plano de la barca en la que yo misma me veía montada. Al fondo veía a Bruno, pero lo que de verdad me sorprendió es que hablaba con mi hermana. Bruno es muy manipulable y mi hermana muy manipuladora, con eso se entiende todo. Pero lo que no me esperaba es que mi hermana apareciese detrás de mí tapándome la boca con su mano, y me escondió en el mismo lugar en el que ahora me encuentro, una cueva oscura, tan solo iluminada por unas pocas velas.

Hace tiempo que estoy aquí encerrada, días, si no son semanas, y desde luego no iba a usar el reloj para escapar. Pero no he estado todo este tiempo sin hacer nada, pues nada más entrar aquí encontré algo en la pared, probablemente escrito por Gabriel, quien sospecho que se refugió aquí antes:

 

“Todas las rosas son blancas,

tan blancas como mi pena

y al igual que mis lágrimas

hacia la sombra que truena”.

 

Tras volverlo a leer lo entendí todo. Gabriel me contó que este reloj se lo regaló un señor en el mercado que ansiaba mucho deshacerse de él, pues, después de comprobar sus habilidades, cualquiera lo quiere y me imagino que habrá demasiada gente tras este reloj. Mi hermana, que es muy ambiciosa oiría hablar del reloj, pero para conseguirlo no te basta con robarlo, y si lo robas, el reloj te posee hasta matarte, el anterior propietario tiene que ser asesinado por el siguiente o tiene que desear más que nada que el reloj pertenezca a esa persona, pero si no lo deseas más que nada, el reloj también posee hasta matar al anterior propietario, por eso Gabriel desapareció, porque me dio el reloj que él no ansiaba con todo su ser regalarme. Sin embargo, cuando el reloj lo poseyó, Gabriel se resistió y el reloj lo debió de mandar aquí, donde le encontraron todas esas personas que querían el reloj. El reloj pasó a mi posesión, y Bruno me lo intentó robar para mi hermana; por tanto, fue asesinado por el reloj. Ella llamó a la policía para que Bruno lograra escapar, pero fue demasiado tarde, asique me envió aquí, para protegerme del resto de la gente que quiere el reloj. Todo por culpa de este maldito trasto. Tal y como esperaba, escucho golpes en el muro de la cueva. Pero se llevarán con ellos la maldición del reloj. Están destrozando el muro de la cueva, te veré pronto Gabriel.

 

 

                                    Lorena Sánchez Andrés 1ºESO B

 

 

  

             FLORES EN PARÍS

 

Para los escritores el mayor desafío de su carrera es encontrar la historia perfecta, aunque los lleve a la desesperación, la tristeza, o incluso, la locura. Por ello es tan difícil iniciar una novela o poema; porque, en realidad, lo que uno necesita para comenzar a escribir no es la perfección sino, al igual que nuestro protagonista necesitaba, es el sentir la historia en dentro de nuestro corazón, que nos pide salir.

Nuestra historia se remonta a la Rusia de los años 20, donde en el pequeño pueblo de Ivánovo conoceremos a nuestro protagonista. Pocos días le quedaban a Vladimir Smirnov en el único hogar que había conocido, pues el destino le aguardaba un extraño viaje que cambiaría el rumbo de su vida. A pesar de que debería presentar a nuestro protagonista como es debido, me dedicaré a omitir esos engorrosos detalles sobre la familia y la infancia, que a nadie le apetece escuchar. Basta decir que Smirnov era un frustrado poeta. En efecto, frustrado porque, a pesar de que sus comienzos en el oficio no iban descarrilados, hay un momento en la vida en el que cualquier persona puede llegar a un punto muerto. Y esto, para los escritores, es un golpe fatal. Desempleado y con apenas un par de rublos en el bolsillo, Smirnov decidió pedirle ayuda a su hermano, Mijaíl. Este le aconsejo que buscase otro enfoque a sus poemas, y para ello necesitaba alejarse. Alejarse de todo lo que conocía y encontrar otra perspectiva al mundo que le rodeaba. Smirnov siguió al pie de la letra el consejo de su hermano. Lo primero que hizo fue coger un mapa y elegir un destino al azar, en donde empezaría de nuevo su carrera. París, allí se dirigiría. Al día siguiente, Smirnov se subió al primer tren que partía rumbo a la ciudad del amor. Durante el trayecto intentó retomar alguno de sus abandonados poemas, sin éxito. Con suerte en París encontraría algo de inspiración.

Así, comenzó Smirnov su nueva vida en París. Durante las primeras semanas se dedicó a recorrer la ciudad en busca de un lugar en el que su talento aflorase. Al cabo de un tiempo, encontró ese ansiado lugar. Cerca del río Sena, se hallaba una acogedora plaza donde casi no había posibilidad alguna de que nadie le molestase. No obstante, seguía sin poder componer un solo verso. Pasaron los días y luego las semanas, entonces empezó a pensar que su escapada no había dado resultado alguno. Desesperado, empezó a replantearse la idea de volver a casa. Sin embargo, algo o, mejor dicho, alguien, le hizo cambiar de idea. Ocurrió una tarde en la cual, durante uno de sus fallidos intentos de componer un poema, la vio. Una joven tan hermosa que de no haber sido por la cesta que llevaba en mano, la habría confundido con un ángel caído del cielo. Él no lo dudó un segundo y comenzó a seguirla. Desde luego Smirnov estaba predestinado a conocer ese día al amor de su vida, pues, después de eso, los versos le bombardeaban la mente, con la esperanza de ser escritos. A los pocos días consiguió trabajo, ya que, al parecer, sus románticos poemas enloquecían a las gentes. Sin embargo, no cautivaron a la joven Sophie, pues Smirnov no había parado de perseguirla desde su flechazo. Cada día la sorprendía con su incesante ardor y le dedicaba un verso solo para ella:

– Dichosos los que nacen mariposas / o tienen luz de luna en su vestido – le canturreaba Smirnov – ¿Qué he de hacer para merecer tu atención? ¿Por qué has de dejarme así, triste y solo en esta ciudad del amor? ¿Por qué cuando te vi lo conseguí todo menos a ti?

Smirnov no se daba cuenta de que su constante obsesión por ella no hacía otra cosa que convertir a Sophie en una joven esquiva que no le dirigía palabra alguna. Furioso y frenético, la asustó con su pasión desenfrenada, pero su corazón permaneció indiferente. Smirnov no aguantó por mucho más tiempo el rechazo de la joven parisina, por lo que, tras largos años sin pensar siquiera en la más mínima posibilidad, regresó a Rusia.

De este amor instantáneamente estallado y no correspondido, se quedó con una profunda tristeza secreta, pero, aun así, no se resignó a que Sophie lo olvidara tan fácilmente. Con todo el dinero que recibió por sus actuaciones en París, contrató a una conocida compañía de flores parisina, a quien encargó – por una gran cantidad de dinero – que cada día de todos los meses le trajeran a Sophie el número de flores correspondiente al día en el que se encontraban. Y, además, el encargo establecía que debían ser las flores más inusuales y hermosas del mundo: rosas de té, crisantemos, hortensias, ásteres, orquídeas, y todo tipo de rarezas. La compañía, siguió claramente las instrucciones del que les pareció un cliente extravagante y, desde entonces, independientemente del clima o la temporada del año, mensajeros con fantásticos ramos comenzaron a llamar a las puertas de Sophie con una única frase: “De Smirnov”. Con este plan albergaba la esperanza de que, algún día, por mucho que tuviera que esperar, su amada llegaría a enamorarse de él.

Desafortunadamente la guerra estalló, y antes de que pudiera ver a su amada siquiera, Smirnov dejaba este mundo para contemplar a Sophie desde el cielo. La noticia dejó atónita a Sophie, como un golpe de fuerza inesperada. Ella ya se había acostumbrado al hecho de que él invadiese regularmente su vida, a que estuviese en algún lugar cerca y le estaba enviando flores. Pero a pesar de lo mucho que Smirnov se había entrometido en su vida, su muerte le produjo un profundo sentimiento de vacío y, aún peor, de culpa. Aunque lo que ella no sabía es que la disposición del enamorado poeta no hablaba en ningún momento de su muerte, por lo que al día siguiente apareció el mismo mensajero con otro ramo de flores.

La guerra seguía avanzando y en 1940 los alemanes invadieron París. Malos tiempos se les venían encima a los parisinos, y Sophie no se libró de ellos. Al borde de la muerte, debido a la repentina y terrible escasez de alimentos, Sophie, sin ninguna otra opción, comenzó a vender los ramos de flores en el bulevar. Esto le salvó la vida. Llegó el fin de la Segunda Guerra Mundial y las tropas aliadas liberaron Francia. Sophie lloró de felicidad cuando los rusos entraron en Berlín. Los mensajeros seguían llegando con nuevos ramos para remplazar a los que se habían ido, siempre con la misma frase: “De Smirnov”

Sesenta años más tarde, la historia de las flores de Smirnov se convirtió en leyenda, y no quedó un solo rincón de París sin haber escuchado la historia alguna vez. Muchos no se creyeron este trágico romance que le salvó la vida a Sophie hasta la llegada de un periodista. Durante su conversación el periodista no pudo soportar la tentación de preguntarle a la regia dama, si esta historia no era sino un hermoso cuento de hadas. “No tiene prisa, ¿cierto?” le contestó la mujer. El periodista, un poco sorprendido por la evasiva de Sophie, le respondió que no. Y justo en ese momento sonó el timbre de la puerta. Nunca en su vida había visto un ramo tan lujoso de crisantemos japoneses, detrás del cual el mensajero anunció: “De Smirnov”.

 

Estefanía Carrasco Gousseva 3º ESO B

 

 

 

 

INSPIRACIÓN

 

            Llevaba sentada en frente de la hoja en blanco prácticamente toda la tarde y no había conseguido escribir ni una sola línea; se habían asomado algunas ideas superfluas a través de su mente, pero ninguna le convencía del todo. No es lo suficientemente bueno. No puedo sacar una historia de esto. No sé cómo desarrollarlo. Igual su negatividad con la que confrontaba esa tarea derivaba de la presión a la que estaba sometida en ese momento.

Era la primera vez que le sucedía aquello. Normalmente no sentía ni frustración ni miedo ante la hoja en blanco. Sus ideas se superponían las unas a las otras en su mente. Escogía una y las palabras fluían como cuando en la alameda, un manantial recita su canto entre las hierbas. De hecho, era su forma de expresarse, de liberarse de las ataduras impuestas que la obligaban a vestir de sastre e, incluso, de cultivar un pequeño ingenio encubierto.

 A pesar de haber creado el ambiente idóneo, en su minúsculo apartamento de estilo nórdico, para que fluyeran las ideas, prendiendo una vela que desprendía el perfume de un campo de lavandas y  escuchando a su grupo favorito en su disco de vinilo, que ponía en el aire tibio de abril canciones tiernas, no fue capaz de empezar su cometido.

Miró la hora en su teléfono. Las doce y media. ¡Qué tarde! Con la de cosas que tengo que hacer mañana. Necesito aire fresco. Voy a tirar la basura y me voy a la cama.

Halló también dos llamadas perdidas de su madre. Estaría preocupada. Normal, llevas evitando hablar con ella casi una semana. Había optado por poner su móvil en silencio, para no distraerse con las numerosas notificaciones que recibía constantemente desde sus redes sociales, con el objetivo de ayudar a su concentración y finalizar la tarea que se traía entre manos.

Se puso las zapatillas de correr, cogió la basura y llamó a su madre. Seguramente no me lo cogerá, estará ya durmiendo. Para su sorpresa, ocurrió lo contrario.

-          ¡Sofi! ¿Estás bien? ¿Te ha pasado algo? No he conseguido hablar contigo en una semana. ¿Tan atarea estás que no puedes hablar ni diez minutos con tu madre?

-          Hola, mamá. Sí, lo siento. Debería haberte llamado. Pero he estado muy ocupada con...ya sabes...estoy de finales...tengo que entregar muchos trabajos...

Casi desvelas tu proyecto. Menos mal que has dicho la excusa de la uni. En verdad, se sentía un poco culpable por mentir a su madre. Sin embargo, no podía decirle nada de momento, aunque se moría de ganas.

-          Ya, ya lo sé, hija. Tampoco quiero que me cuentes tu vida entera como si fuera la biblia. Pero, no sé… de vez en cuando.

Llegó a los cubos de basura que se encontraban en frente de su edificio, abrió la tapa y arrojó la bolsa. Percibió un bulto extraño que se asomaba por detrás y llamó su atención.

-          Sí, mamá, ya lo sé -contestó por contestar- ya hemos hablado de esto otras veces. ¿Qué te parece si voy este finde a casa a comer?

Se acercó con recelo. Era algo demasiado grande, un tanto amorfo, envuelto en una tela de aspecto áspero, de donde asomaba una sustancia un tanto viscosa.

-          Vale, perfecto. Voy a hacer pollo asado con verdurita, que sé que te encanta. ¿Quieres?

-          Sí, genial. Tengo ganas de veros. Te tengo que dejar, ¿vale? que estoy cansadísima. Te quiero. Adiós.

Colgó antes de que su madre se despidiera. No sabía qué hacer. ¿Lo desenrollo? ¿Pero, y si es peligroso? ¿Y si me estoy metiendo donde no me llaman? Se debatieron durante unos instantes efímeros, su precaución y su cautela frente a su curiosidad y a sus ganas de saber qué era eso. Como ganaron estos últimos, encendió la linterna del móvil y estiró con sumo cuidado esa tela, lo que dio lugar a un cuerpo lleno de sangre roja. Gritó.

Lo recorrió con la vista de arriba a abajo, se topó con un agujero en el pecho que parecía haber sido provocado por una bala y llegó a un cartel donde se distinguían las letras de la palabra corre, un tanto difusas, manchadas de la propia sangre.

Volvió a gritar. Su mente iba a mil por hora, sus pensamientos eran como un tsunami que arrasa al pasar ¿Qué hago? ¿Llamo a la policía? ¿Pero y si piensan que he sido yo? ¿Corro, me voy a casa y hago como si no hubiera visto nada? Total, ya lo verá alguien mañana.

El corazón le latía cada vez más deprisa, sus pulsaciones no paraban de subir. Se le empezaba a nublar la vista por la impresión ante el cuerpo asesinado. No veo bien, me voy a caer.  Voy cuesta abajo y sin frenos. No puedo parar. ¿Y si el asesino está cerca? No quiero ser la siguiente. Sintió miedo. Miedo. Me cuesta respirar. Me falta oxígeno.

Una voz interior tomó las riendas de la situación. Sofía, para. Cálmate. Céntrate en tu respiración. Inspira. Espira. El asesino no habrá sido tan iluso como para asesinar a alguien y quedarse en el lugar del crimen. Seguramente, estará borrando todas las huellas que haya dejado. Toma el control. No dejes que el miedo te paralice. Inspira. Espira. Déjaselo a la policía, ese es su trabajo. Tú no has hecho nada malo.

Seguía nerviosa, pero más tranquila. Su cuerpo estaba alerta, avizor a cualquier estímulo, preparado para actuar en caso de que tuviera que salir corriendo, como un león tras su presa o un soldado en el campo de batalla.

Oyó el sonido de unas sirenas distantes que cada vez parecían más cercanas. Un hombre que llevaba un uniforme le tocó el hombro. Le ofreció una manta y un vaso de agua.

-          Policía -dijo con voz entrecortada y ronca- Yo no he hecho nada. Se lo prometo. Iba a tirar la basura… y me he encontrado el cuerpo… muerto… detrás de los cubos de basura.

-          Ya lo sé. Tranquila. Ya ha pasado. Lo mejor es que se vaya a casa. Mañana lo verá todo de otra manera. Nosotros nos ocuparemos de todo. Su voz cálida y reconfortante, junto a las palabras adecuadas, acabaron por calmarla.

           

Al llegar, su apartamento le pareció el lugar más reconfortante del mundo, sintió la famosa calma después de la tormenta. En esas cuatro paredes se sentía segura, inatacable y protegida.

Vio la hoja en blanco, cogió un bolígrafo y escribió; soltando todo lo que llevaba dentro, todo lo que había vivido en ese período de tiempo que para algunos habría sido insignificante y que a ella la marcaría durante toda su vida. Tanto que le serviría de inspiración para aquel proyecto secreto.

 

 

                                   Paula Crespo Ortega 1º BC A

 

 

 QUÉ BONITA FUE LA CAUSA DE MI MUERTE

Qué bonita fue la causa de mi muerte, y cuánta duda suscitó en Erika. Os contaré esta historia a través de las mismas palabras que ella trazó en algunas de las páginas de su diario.

 

29 de junio de 2012

Quiero volver a ir a aquel campo al que fui una vez con papá y mamá cuando era más pequeñita. No sé por qué no hemos vuelto a ir estando tan cerca. Desde mi terraza no se ve, pero recuerdo que está justo al otro lado de los árboles que hay al lado de mi casa. Ha pasado mucho tiempo desde la primera y única vez que estuve, pero me acuerdo más o menos del lugar. Cuando fuimos era verano. En la alameda un manantial recitaba su canto entre las hierbas. Entre estas sobresalían florecillas amarillas y blancas, que se movían ligeramente por la brisa, al igual que mi pelo y mi vestido azul. Era un lugar precioso, pero no solo eso. Desprendía un halo mágico.

 

 

Aquel día en el que fueron a ese campo del que habla Erika, fue el día en que la conocí, aunque ella no se acuerda. También fue el día en que me mató, pero me alegro de que lo                hiciera. Gracias a eso he tenido la oportunidad de conocerla profundamente.

Pasaron años, en los que ella seguía contemplando aquellos árboles de vez en cuando, deseando traspasarlos, pero nunca se le ocurrió comentarlo con nadie. Era un recuerdo que la alcanzaba cuando estaba sola, pero no le daba importancia y se le acababa olvidando.

 

 

20    de julio de 2016

Hoy, papá, mamá, Elisa y yo hemos vuelto de Almería. ¡Nos lo hemos pasado genial de vacaciones! Me da mucha pena no poder volver a ver el mar hasta el año que viene, pero supongo que echarlo de menos forma parte del encanto. El viaje de vuelta ha sido muy largo. Lo que para el reloj de mis padres han sido seis horas, para mí han sido doce.

¡Qué barbaridad! Tengo claro que si pudiera escoger un poder sería el de teletransportarme.

Nada más llegar a casa he entrado en mi habitación y he abierto la maleta con intención de vaciarla, pero, sinceramente, no sé a quién quería engañar. Esa intención no ha durado más de medio minuto. Me he tumbado sobre las sábanas y me he quedado dormida.

Cuando me he despertado eran ya las ocho pasadas y el cielo comenzaba a teñirse de amarillo y rosa por el oeste, y de añil por el este. He salido a la terraza y me he sentado sola, en silencio. En la playa los pájaros cantaban distinto. De repente, me he fijado en algo que me ha dejado sin saber qué pensar.


Durante las vacaciones han cortado algunos de los árboles de al lado de mi casa, y ahora se puede ver que el otro lado hay un edificio feo y coches aparcados. ¿Y aquel campo al   que fui hace años?

 

 

21    de julio de 2016

Esta mañana se lo he contado a mis padres. Les he preguntado por qué habían destrozado un lugar tan maravilloso. Casi me pongo a llorar por la impotencia de no poder volver a verlo. Sin embargo, mis padres no parecían indignados como yo, sino extrañados.

Me han dicho que detrás de esos árboles, aunque no se veía, siempre había estado ese feo edificio, y que jamás fuimos al campo que les he descrito. He ido corriendo a preguntarle a Elisa, y tampoco lo recordaba. Me han dicho que puede que lo soñase, o que me lo inventase, o que haya mezclado recuerdos. No lo sé. Supongo que será verdad                 porque no tiene otra explicación. Estoy muy desilusionada.

Encima, la maleta sigue sin deshacerse.

 

 

Hoy, 26 de febrero de 2021, Erika no ha vuelto a hablar de ese lugar en su diario. Seguramente se convenció de que se lo había inventado y ya no piensa en él. O tal vez sí, y aún lo recuerda con cariño. No puedo saber lo que piensa si no lo escribe.

La familia de Erika tenía razón en que ese precioso y recóndito campo no existía. En cambio, Erika decía la verdad. Ella había estado en él, y yo soy la prueba.

Nadie se fija en mí, ni recuerda de dónde vengo. Para Erika tan solo soy un bonito marcador en su diario. Una flor blanca cualquiera. Pero no lo soy.

Soy una de las flores de ese campo.

 

 

 Irene Ceinos Riofrío 1º BC B

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 22 de mayo de 2020

XVI CONCURSO LITERARIO

I.E.S. CASTILLA

    2019-2020

      ACTA DEL JURADO DEL XVI CONCURSO LITERARIO

·     1ª CATEGORÍA: 1º Y 2º ESO

Arun Seeruttun Cezón 2º E.S.O A

·     2ª CATEGORÍA: 3º y 4º ESO.

Sara Villarino Bellver 4º ESO B

·    3ª CATEGORÍA: BACHILLERATO.

Natalia Ruiz Beltrán   1ªBHCS B








LO NUNCA VISTO.
Javier se despertó temprano, un día cualquiera, en la hermosa ciudad de Barcelona. Hacía frío y caía alguna que otra gota de lluvia del cielo encapotado.
Tras pelearse varios minutos con su despertador fue al baño. Al mirarse al espejo vio su cuerpo delgado y alto y su rostro pecoso bajo una maraña de pelo; se lavó la cara y se fue a desayunar. Tomó lo habitual, leche con cereales, ¡le encantaban!
Se vistió rápidamente y se dirigió a la calle con su voluminoso paraguas. No llovía en ese momento, pero la predicción meteorológica señalaba que esa tarde no sería la mejor. Caminó lentamente para llegar a su destino. Debido a que era nuevo en la ciudad y no la conocía muy bien, se entretuvo descubriendo algunos rincones de su nuevo hogar. Le gustaba lo que había visto hasta entonces.
Al entrar en la biblioteca, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo debido al drástico cambio de temperatura. El aire acondicionado estaba demasiado fuerte. No se distrajo mucho observando la belleza del edificio, que además era muy antiguo. Como no quería perder más tiempo de su mañana, se dirigió directamente a la bibliotecaria y le preguntó si tenían en depósito un libro de criaturas fantásticas en concreto que llevaba años buscando.
Para su alegría le dijo que sí, y lo dirigió hacia donde se encontraba el deseado libro. Javier se puso muy contento al tenerlo entre sus manos ya que tenía ansias por leerlo desde hacía mucho tiempo y, sobre todo, quería ver las imágenes de las criaturas fantásticas para ver si se correspondían con las que él había imaginado.
Al abrirlo se llevó una sorpresa increíble, ¡no había imágenes!, ni una sola. Intrigado fue en busca de la bibliotecaria y le preguntó qué había sucedido con las ilustraciones.
-No sucede nada- dijo la señora, es un libro especial, tan especial que su autor escribió una misteriosa dedicatoria según la cual “nuestra imaginación es la que ve, y no nuestros ojos”
Decepcionado, Javier se fue a casa, pero con el libro bajo el brazo. Al parecer, había estado en la biblioteca más de lo que pensaba, por eso estaba todo oscuro.
Los padres de Javier estaban trabajando y no tenía hermanos, por lo que su única forma de entretenerse esa tarde era leyendo aquel misterioso libro. Estuvo varias horas leyéndolo y a medida que iba devorando las páginas, Javier empezó a ver cosas. Cosas muy extrañas, cosas que nunca había visto ni él ni nadie, veía… ¡Sí! ¡Eran las criaturas que se describían a la perfección en el libro!
Javier pensaba que era todo tonterías y que había estado demasiado tiempo leyendo, por lo que decidió irse a dormir, aunque solo fuesen las 10 de la noche.
Al levantarse al día siguiente, siguió con su rutina; se fue al baño, desayunó y se vistió. Esta vez no fue a dar una vuelta por la ciudad, sino que decidió quedarse en casa porque hacía mucho frío y llovía mucho. Sus padres estaban, cómo no, trabajando y Javier se puso a leer el libro. En cuanto lo abrió, vio al instante las mismas imágenes que imaginó el día anterior.
-A lo mejor tiene razón la bibliotecaria; a lo mejor, lo que ve es verdaderamente la imaginación- se dijo Javier a sí mismo.

Arun Seeruttun Cezón 2º ESO A

ALERGIA
   Estábamos en primavera. Transcurría el clásico y detestable día intersemanal, el que más largo se hace por la postración de las primeras jornadas ya cumplidas y el desgaste mental que suponía pensar en las que quedaban hasta el añorado fin de semana. Recluidos en un rectángulo de pared de gotelé, los minutos se antojaban horas atrapados en una cárcel. Una en la que se tenía en cuenta si averiguabas cuánto pagaría Mario por 35 melones y no si eras capaz de lidiar con las emociones más intensas que te acompañarán hasta pasar a mejor vida. Y para coronar la situación, era la clase de matemáticas. Específicamente la anterior al examen, por lo que todos mantenían una extenuada mirada en la profesora, quien traqueteaba la tiza contra la pizarra, produciendo un insufrible y lento desgaste de esta. Dudo profundamente que ni a ella misma le importase lo que estaba explicando a una congregación de camaleones.
   De vez en cuando se oía el arrastre pesado de un bolígrafo sobre el papel cuadriculado, o una pluma para el más exquisito. Se podría decir que nuestros cuerpos estaban presentes, pero nuestros pensamientos habían errado hasta un mundo paralelo a este. Allí nuestra imaginación es la que ve, y no nuestros ojos. Fantaseábamos mientras los vectores cambiaban de módulo.
   De repente y sin previo aviso, aquella lejana monotonía se vió interrumpida por la sonora caída de un lápiz sobre el libro. El aparente estruendo me trajo de vuelta a la sórdida realidad. Era Ángela, que lo había dejado caer como si de una bomba atómica sobre Hiroshima se tratase. Sus dedos, habiendo interrumpido la contínua escritura, lo soltaron sin piedad, proyectando una gota de tinta líquida.
   Aquel súbito movimiento no era propio de una jóven tan serena y sosegada. Siempre había mantenido una laxitud característica, aunque conservando unos ideales inamovibles, sobre todo lo concerniente a la diplomacia. Sin embargo, habiendo estudiado el currículum político del país, no es de extrañar que un día le oyera decir: “Así como de la noche nace el claro día, de la opresión nace la libertad”. No estoy segura de si nació de sus ideales o lo leyó en Instagram.
   El caso es que, después de la caída libre del lápiz, su cara sufrió el mismo destino que una servilleta después de comer. Su nariz se contrajo, llevando el labio hacia arriba y dejando entrever los soportes. Asimismo, sus mejillas rosadas se pusieron en pie, presionando el párpado inferior, vetando a sus pupilas de admirar los vectores con ayuda del superior. Al mismo tiempo, los inicios de las boscosas cejas se derrumbaron a la altura de las pestañas. Ambas perdieron su curvatura natural y dibujaron una tensa línea recta sobre los ojos. Esa expresión se encontraba en el punto medio entre la repugnancia a las vísceras y la perplejidad de un problema matemático arduo. Me recordó a un niño viendo el ósculo de dos amados. Y todo pasó en menos de un segundo.
   En el siguiente segundo su cuerpo, encorvado por la mala postura adquirida al escribir a lo largo de la ESO, se recompuso, echando las asentaderas hacia atrás, juntando las piernas y dirigiendo su pecho hacia delante. Su figura, normalmente relajada, adquirió una postura rígida, dando la sensación de que se fuera a levantar en cualquier momento. Se asemejaba a la señorita Rottenmeier.
   En el transcurso del tercer segundo sus pulmones se insuflaron cual aerostato de los felices veinte. Fue asaz repentino y produjo una sonora inhalación que disparó un sordo eco a las ocho esquinas de la clase.
Después de la breve inspiración se hizo el silencio durante un instante, que fue largo y en el cual la tensión se podía cortar con un cuchillo. Fue crucial, pues se podía percibir la inminencia del acontecimiento pero no alcanzaba el tiempo para hacer nada al respecto.
   La observé fijamente y noté cómo una corriente eléctrica le recorrió la espalda hasta alcanzarle la garganta, desde donde una mezcla de saliva, flema y aire fue propulsada por la boca, cogiendo prestada la fuerza del abdomen, que se contrajo y endureció sin piedad. Sus manos corrieron a encontrarse con la boca, llegando in extremis.

-¡Achís! -exclamó.
-Salud -contesté.
                                          Sara Villarino Bellver 4º ESO B



EL  SOBRE
Sintió el suelo subir lentamente y, tras un pequeño rebote, paró. Oyó el tradicional pitido agudo y bajó del ascensor.
Caminó con paso decidido por el suelo de mármol blanco veteado, que había sido encerado aquella mañana y le devolvía su reflejo. Se observó la mata de pelo que llevaba peinado hacia atrás y vió en aquel gris claro las memorias de los años vividos. Sacudió la cabeza, se aflojó el nudo de la corbata y se dirigió hacia la máquina de café para continuar con el ritual matutino. Cappuccino sin azúcar que él endulzaba con la pequeña petaca de cobre aguado del bolsillo interior de su traje. Se le dibujó una sonrisa socarrona al darse cuenta de su pequeña y poética metáfora para referirse a aquel horrible pero inevitable hábito suyo. Me estoy volviendo un sensiblero, pensó para sí, y se dirigió con un café en cada mano a la mesa de su secretaria.
La saludó como de costumbre, le entregó el segundo café y se aseguró de preguntar por su familia y por su día, porque era conveniente tenerla contenta. Entró a su despacho, se sentó en aquella silla negra con ruedas que su mujer insistía en que usara porque ayudaría a mejorar su postura, pero él no aguantaba aquella silla, ni a su mujer. Sorbió su café en silencio y rogó a Dios para que aquel día fuera un día tranquilo. Él no creía en Dios. Corrección, no estaba seguro de que Dios existiera. Sin embargo, “creer” en Él era útil, le ayudaba a congeniarse con gente importante y siempre es mejor prevenir que curar. Se removió, incómodo, se aflojó la corbata y trató de quitarse estos pensamientos de la cabeza. Hoy estaba extrañamente ausente, sus pensamientos resonaban con especial persistencia y no sabía por qué.
Estuvo allí sentado un par de horas hasta que el sonido de su móvil le sobresaltó, era su hijo que le llamaba. Un maldito músico, él esperaba algo más, un abogado quizás o un empresario ¡pero un músico! Era el hazmerreír de la oficina. Ni siquiera cantaba muy bien, pero dejó que su hijo siguiera con su “carrera”, aunque en el fondo esperaba que solo fuera una fase, una fase que costeaba, puesto que no estaba precisamente falto de dinero. Suspiró exasperado y se despidió de su hijo sin haberse enterado de nada de lo que este había dicho.
Alzó su mano y miró su reloj, las dos y media. Chasqueó la  lengua y se dio una palmada en las rodillas antes de levantarse de su silla negra. Se dirigió hacia su puerta, saludó de nuevo a su secretaria, se encaminó hacia el ascensor, pulsó el botón, pensó en qué comería hoy. Mierda, se había olvidado del sobre. Cuando llegó a la planta baja pulso el botón para cerrar las puertas y alzó la mano en gesto de disculpa al joven trajeado que se acercaba corriendo con intención de subir al habitáculo, llegó a su despacho y sonriendo a su secretaria al entrar por las puertas de cristal se dirigió hacia su escritorio. Abrió el cajón con impaciencia y cogió un sobre sin mirar, arrugándolo por la prisa. Cogió también su pequeña libreta negra y, a la vez que se encaminó hacia el ascensor, garabateó un nombre descuidadamente.
No podía entretenerse mucho, de lo contrario perdería su reserva en aquel restaurante que le gustaba. Tenía que entregar aquel sobre y redactar unos informes urgentes y preparar un presupuesto para la reunión del lunes y comprarle un regalo de cumpleaños a su mujer y la reunión de las ocho. Resopló y se aflojó el nudo de la corbata. Bajó del ascensor, se acercó al escritorio que presidía aquel gran espacio lleno de cubículos de cristal, preguntó por el nombre que había apuntado en su cuaderno y se dirigió hacia donde le habían indicado con zancadas ligeras. 
Entró a la pequeña oficina donde reconoció al joven de melena oscura y cara inexperta al que había cerrado el ascensor, se presentó, charló distraídamente sobre el trabajo y el tiempo y, finalmente, entregó el sobre blanco ligeramente doblado y se marchó.
Por fin cuando la jornada hubo terminado, apagó su ordenador y cogió su áspero abrigo gris, se marchó feliz puesto que había tomado un par de tragos de su petaca, pero esta vez sin café. Llegó recibido por las luces azules y rojas brillando intermitentes en medio de la oscuridad nocturna, subió a su casa y se encaminó a saludar a su esposa pero fue, en cambio, recibido por dos agentes de policía. Miró primero a uno y después al otro, y preguntó que qué había hecho esta vez su hijo, pero recibió miradas desaprobadoras como repuesta.
Metido en el asiento trasero del coche de policía notó su bolsillo trasero vibrar. Cogió su móvil con ambas manos temblorosas y abrió la aplicación de mensajes.
“Luis, sé fuerte”.
Una frase que le decía su abuelo de pequeño le vino a la memoria. Nuestra imaginación es la que ve, no nuestros ojos. Y entonces, cerró fuertemente los ojos y deseando que Dios realmente existiera con todas sus fuerzas, los volvió a abrir. Pero a pesar de todo seguía en la parte trasera de aquel coche de policía, y aquel mensaje seguía iluminando su oscuro silencio. Suspiró de nuevo, se aflojó el nudo de la corbata y comenzó a preparar su plan.

                                          Natalia Ruiz Beltrán 1ºBHCS


lunes, 30 de marzo de 2020

LO QUE ESTOY SINTIENDO ESTOS DÍAS [DE CONFINAMIENTO]
Lo que estoy sintiendo estos días lo puedo definir con una sola palabra: ansiedad. 
Me siento agobiada, siento que me falta algo, no estoy acostumbrada a pasar tanto tiempo encerrada  viendo 24 horas diarias las mismas cuatro paredes.  
Solo necesito aire y lo más importante para mi, bailar. 

Anónimo. 

martes, 3 de diciembre de 2019

“CÓMO SE HABLA EN MIS PUEBLOS” 
(Un alumno de 4º. ESO)

Este documento es una recopilación de una exposición de un alumno que expresó la manera de hablar de las gentes y las expresiones o vulgarismos de sus pueblos.
Para ello, entrevistó a multitud de personas, en su gran mayoría ancianas, personas mayores que son quienes más tiempo pasaron viviendo en estos pueblos.
En sus pueblos hay multitud de diferentes expresiones particulares y vulgarismos que principalmente vienen del campo están relacionadas con la agricultura, pues en estos pueblos la fuente de alimentación principal ha sido siempre el campo y sus cultivos.
La historia de estos pueblos es larga, y por desgracia está llegando a su fin, pero gracias a esta longevidad histórica literaria tenemos una amplia variedad de expresiones poco comunes y bastantes vulgarismos también, que han ido surgiendo a lo largo de los años por la falta de educación en estas poblaciones.
Al tener tres pueblos el joven y haber visitado los tres a lo largo de su vida ya tenía el cultura, pero aún así decidió ampliar su conocimiento preguntando a toda esa gente.
Se tratarán las características lingüísticas de los tres, empezando por el pueblo más pequeño y terminando por el pueblo más grande. Pues el más pequeño en cuanto a gente es el que menos expresiones propias puede tener y el más grande habiendo siendo además un enclave económico y mercantil ha tenido siempre más gente hablando, de distintas clases sociales y por tanto con distintas expresiones y acentos, etc.
Este, el primer pueblo (Picazo) es de una provincia poco rica a nivel económico y por tanto con poca educación. "Si no hay dinero no hay maestros" fue un popular dicho de este pueblo del que voy a hablar, dicho que salió de boca del alcalde y que al final acabó en boca de todos…
Al haber poca educación abundan los vulgarismos y apenas hay sinonimia. Como ya he mencionado, casi todos los habitantes del pueblo se dedicaban al campo, por eso muchas expresiones vienen de allí o están relacionadas con estos términos.

PUEBLO 1: PICAZO
Este pueblo ha estado siempre por debajo de los 100 habitantes (desde que se tienen registros de censo) y jamás ha tenido escuela, por lo tanto, todo lo que sabían de hablar los niños era lo que les oían a los adultos, y estos también cometían gran cantidad de fallos.
Observamos cambios en el lenguaje tanto en la pronunciación como en las palabras.
Todos sabemos del “fenómeno maño” en el que se acentúan todas las sílabas, pues en el campo, al estar siempre a voces ocurría algo parecido…
-          ¿DE DÓNDE VIENES?             - DÉL BOSQUÉ, ¿Ý TÚ?   -DÉ CUÍDÁR LA CÁSÁ
-          TRAÉME UN POQUÉJO DE AGUÁ DEL PÍLÓN ÁNDÁ MÁJÓ PÁ REGÁR LÁS PLÁNTÁS
También conocemos de otros lugares donde se suprimen sonidos en palabras de uso cotidiano, tanto en el principio como en el final de la palabra.
                -LIVAR>>>Olivar
                -LIVA, LIVAS o LIVILLAS>>> Oliva, Olivas u Olivillas
                -CHICAR AGUA>>> Achicar agua

Comparte características con el segundo pueblo, que es de una región geográfica muy cercana, manchega, porque están estos pueblos a menos de 20 kms.

PUEBLO 2: CASTILMIMBRE
Añaden prefijos como:
                -Amoto>>>Moto
                -Afuente>>>Fuente
Y también sufijos tal que así:
                -Chiquitilla>>> Chiquita
                                            Chiquilla
                                                               >>> Una niña muy pequeña
                -Pequeñilla>>> Ínfima
Y por el contrario, tratando de solventar estos errores, suprimen algunas aes por ejemplo que no deberían ser eliminadas:
                -Repentimiento>>> Arrepentimiento (“Me ripiento de esa acción tan estúpida”)
                -Peritivo>>> Aperitivo (lo cual sinonimizan con “pis colabi” en vez de “piscolabis”)
                -Pelar>>> Apelar (pelar a la constitución española, pelar a sus palabras…)
Cómo es común que suceda en muchos pueblos, en estos también se suprimen ciertas vocales en las sílabas de algunas palabras:
                -“El carro ya __tá carga_o”
                -“Ya está to_l pesca_u vendí_o”
Uniendo palabras como:
                -Tol> Todo el…
                -tó él> Todo el…

Y pasó al tercer pueblo sin profundizar mucho más porque se quedaba sin tiempo en su exposición que debía ser breve (entre 5 y 10min):

PUEBLO 3: ESPINOSA DE HENARES
El pueblo de mayor población y de poder adquisitivo entre sus habitantes, Espinosa de Henares, más cercana a la capital Guadalajara, siempre gozó de tener a mucha gente, muchos recursos (pues como ya se mencionó era un enclave de comercio en la provincia, pueblo en el que nació Cristóbal Colón según muchas personas no solo del pueblo) y un nivel medio de educación bastante respetable siempre, en el que pocas veces ha habido gente analfabeta, casi todos sabían leer y escribir en las últimas décadas, etc.
Al ser un punto de comercio siempre ha habido dinero y por supuesto había expresiones mercantiles.
                -Dos docenas __ huevos >>> Suprimen el DE
                -20 kilo_ >>> Y se olvidan de la S o de terminar diciendo kiloGRAMOS.
                -“SEÑORE_ SEÑORA_ TENGO FRESCO EL PEZ, FRESCO PEZ Y BARATO” >>> Señóres, señoras, pescado fresco, pescado fresco y barato”
                -“VENDO TIERNA CARNE _E TERNERA O _E LECHAR” >>> Vendo carne tierna De ternera y De lechal

Todos sabemos que donde hay recursos han existido siempre los ladrones, y en la antigüedad cuando había todavía más gente que ahora que no tenía para comer…
                -Sisar>>>Robar>>>>> “Me han sisa_o las pelas” Me han robado las pesetas…
Existían también eufemismos para ciertos temas que la gente, por sus intereses privados o de seguridad, no querían que se supiesen ciertas cosas que manejaban, y se utilizaban palabras como:
                -Las blancas>>> Las bragas
                -Las ropas>>> Los porros (“Donde hay dinero hay droga, y la droga ha existido siempre” argumentaba el joven ante la incredulidad de su profesor)
                -Las tiernas>>> Por las flores verdes, los tallos de las plantas o el algodón, dependía del contexto en el que estuviesen hablando para identificar a que se referían.
                -Regar las verdes>>> Regar el campo
                -Faenar>>> Trabajar                     En cambio, la expresión “vaya faena” expresa que le ha sucedido un problema a alguien: “He perdido el monedero, ¡vaya faena!”

Unas de las expresiones más chocantes, y que por su posible nivel de interés incluyó el estudiante en su exposición fueron las maneras de…
LLAMAR A LOS JÓVENES:
                -Chico, niño (chico o chica ha sido siempre expresión de pequeñez, una mesa chica, una mesa pequeña, un sofá chico, etc.)
                -10 años-             Escolári                Porque a esa edad los niños iban a la escuela (expresión parecida a la italiana)
                -0a5 años-          Bebeleches o tragaleches           A los bebés que mamaban la leche de sus madres.

Y una expresión muy curiosa también, y solidaria de el gentío era:
                -HUÉRFANOS DE MADRE, HIJOS DEL PUEBLO.                   A quienes no tenían padres y entre toda le gente del pueblos les ayudaban y les sacaban adelante.

Y por último:


                -_guilillas>>> a los jóvenes que iban correteando y jugando por las calles, también se les llamaba rapaces, pero esa es una expresión más expandida por todo el territorio español.

PROYECTO IoT (DEPARTAMENTO DE TECNOLOGÍA)

PROYECTO DE IoT Comunicación con placa ESP32 utilizada en proyectos IoT. Sensores de diferente naturaleza transmiten la información o dat...