miércoles, 5 de junio de 2019

CONCURSO LITERARIO, CURSO 2018/2019


1a CATEGORÍA: 1o y 2o ESO

A dar un paseo
Las cosas podrían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron
así, de esta extraña e inusual manera.
Ese día despertaste cuando el sol empezaba a salir porque una pesadilla te alteró. Como
era pronto decidiste que saldrías a pasear. Después de peinar y trenzar tu pelo rojo,
asearte y mirarte al espejo para apreciar tu piel ligeramente morena, tus idílicas
facciones y tus ojos del color del mar, bajaste a la entrada de tu casa, te despediste de tu
joven madre y saliste a pasear.
Si hubieses ido a caminar por el pueblo las cosas habrían cambiado mucho, pero ese día
el bosque te parecía encantador, por lo que seguiste caminando. Te detuviste para
observar esa vieja casa rodeada de árboles frondosos y destartalada, que era el hogar del
hombre a quien todos llamaban loco en el pueblo. “El loco” salió del interior de la casa
y te gritó:“¡Hoy los cantos de los pájaros anuncian la catástrofe, el cielo pronto se
nublará!, ¡el bosque quiere estar solo, vacío, desierto o como quieras decirlo, eso da
igual, no entres en él!”. Sus palabras no te alteraron, pues él siempre decía cosas así. Esa
mañana el cielo estaba despejado y los pájaros cantaban igual de alegres que todos los
días a tu parecer. Tú le respondiste: “Gracias por la advertencia”. No esperaste su
respuesta y seguiste caminando hacia el bosque.
El sendero del bosque seguía igual desde que tú pasaste por él la primera vez, era ancho,
pero la maleza empezaba a invadirlo ligeramente; era de tierra negra y tenía piedras de
extrañas formas a los lados. Tardaste poco en llegar al final del sendero, donde había un
pequeño lago con una islita en el centro, que estaba ocupada en su totalidad por un
sauce llorón el doble de alto que tú y muy frondoso. Cuando sentiste un cosquilleo en el
estómago recordaste que no habías desayunado y miraste a tu alrededor en busca del
sendero para volver a tu casa, pero en su lugar solo había árboles y hierba.
Entonces miraste angustiada a tu alrededor hasta que sentiste que te estaban observando
y por razones que nadie, ni siquiera tú conoces, te giraste directamente hacia el árbol
que se encontraba en el lago. No había nada en las ramas o raíces de ese gran árbol, pero
al ver el reflejo de este en el agua sentiste que el aire se escapaba de tus pulmones para
nunca volver a ellos, que se te helaba la sangre y que tu corazón dejaba de latir. En el
reflejo del agua viste a un niño de tres años, rubio, cuyos ojos parecían retener dos
lunas, sentado en una de las raíces del viejo árbol. El niño tenía la cara cubierta de un
líquido rojo. Pensaste que era sangre y tenía las manos cerca de la boca, mientras
mordía algo que parecía no ser muy tierno. Entonces a él se le cayó lo que estaba
comiendo y al existir solamente en el reflejo no supiste dónde acabaría. La comida del
niño al llegar al límite del reflejo salió a flote en la superficie del lago. Te asqueaste y
horrorizaste al observar lo que había estado comiendo el niño, era una serpiente.

Cuando volviste a centrarte en el lago, el niño ya no estaba en el reflejo, sino encina de
la isla en otra raíz diferente del árbol comiéndose el resto del reptil. Al terminar de
comerse el animal pudiste ver sus afilados dientes y su macabra sonrisa. Después el
niño levantó la mirada tan lentamente y con los ojos tan abiertos que parecía estar
asustado. Tú te preguntabas qué es lo que podía aterrorizar de tal manera a ese
espeluznante ser, cuando sus ojos se fijaron en ti te sorprendiste, pues parecía que él
estaba asustado de ti más que tú de él.
Cuando saliste del laberinto, que eran los ojos del niño, el cielo se había nublado; y
recordaste las palabras del “loco”. Te giraste y viste que detrás de ti había tres caminos,
sin pensarlo mucho corriste por el camino del centro, el cual era igual al sendero que te
llevó al lago. Mientras más avanzabas por esa senda más cambiaba, las hojas de los
árboles se volvían naranjas gradualmente y cuando el camino se ensanchó llegaste a un
claro con una gran piedra en el centro, hojas naranjas, marrones y doradas en el suelo.
Pero la tranquilidad duró menos que una mentira incoherente de un niño, pues una gran
araña apareció por el camino que tú misma usaste para llegar y avanzó hacia ti. Tú
subiste a la roca con la esperanza de que la araña no pudiese escalarla, pero ella con sus
largas y peludas patas saltó encima de la roca y te alejaste de ella sin darte cuenta de que
te acercabas al borde de la piedra. Cuando perdiste el equilibrio y caíste hacia atrás
esperabas que las hojas te amortiguaran la caída mientras la araña te mordía, pero
ninguna de las dos cosas pasó.
Cuando abriste los ojos de nuevo te encontrabas en la orilla del lago, te levantaste y
giraste la cabeza, viste que los tres senderos seguían allí, decidiste ir por el de la
derecha. Al igual que ocurrió en el camino anterior este cambiaba, los árboles
empezaron a congelarse gradualmente y a perder hojas; y cuando el camino se estrechó
llegaste a un claro nevado. Como ya parecía ser costumbre algo alteró tu momento de
paz, apareció un cartel enfrente de ti donde ponía: “la bête de gévaudan”. Te resultó
extraño que no hubiera alguna bestia allí, pero te arrepentiste de tu pensamiento pues
oíste unos gruñidos detrás de ti. No tardaste en correr en dirección opuesta a los
gruñidos, que parecían alejarse cada vez más, pero al darte la vuelta te sorprendiste al
encontrar un lobo más alto que tú y con el pelaje castaño oscuro con las fauces abiertas
preparándose para saltar sobre ti.
Cuando abriste los ojos estabas en el lago y decidiste ir por el tercer camino, esta vez la
vegetación no cambió. Después de andar por un minuto viste un manzano en medio del
camino. Puesto que tenías hambre de tanto correr cogiste una manzana, pero esta
resbalo y cayó en el agua. Te sentiste confundida al ver de nuevo el lago, pero esta vez
estabas sobre él, en un barco junto al niño rubio, que dijo: “Normalmente no mucha
gente llega hasta aquí, pero ahora tienes que volver hasta el mismo camino por el que
viniste”. No te fiabas de él y le preguntaste: “¿Por qué debería fiarme de ti?”. Él se rió y
me contestó mientras sus ojos se volvían rojos: “Porque soy un niñito encantador y los
niños no mentimos”. No le creíste, pero tampoco tenías otra opción, respiraste hondo y
pensaste en tu madre, mientras saltabas al lago.

Sentiste como esas gélidas aguas te empapaban, pero no te permitiste pensar mucho en
eso, hasta que llegaste a la orilla y saliste del lago. Miraste hacia atrás y solo quedaba la
barca vacía y tu reflejo en el agua, estabas pálida y con ojeras, algo que te pareció raro
pues las nubes se habían despejado y parecía estar a punto de anochecer. Creías que solo
habían pasado unas pocas horas desde que entraste en el bosque.
Después de ese momento dedicado a tus pensamientos, saliste corriendo por el sendero,
que resultó ser igual que el que cogiste esta mañana para entrar en el bosque, pero que
ahora parecía estar más invadido por las plantas de lo que tu recordabas. No tardaste en
llegar a la casa del “loco”, pero parecía más vieja aún; y cuando llegaste a tu casa viste a
una anciana muy parecida a tu madre sentada en la puerta.

Águeda Moratilla Espada. 2oE.S.O B

2a CATEGORÍA: 3o y 4o ESO

Esa voz...
Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron
así.
Eran las once y media de la noche. Mi corazón retumbaba fuertemente al ritmo de la
música, las luces azules y moradas me cegaban y me dolía la cabeza de tanto ruido.
Sabía que mis amigos se quedarían mucho más tiempo, hasta las dos de la mañana tal
vez, y yo ya estaba cansado de verlos bailar. Me despedí de una amiga y salí de la
discoteca, por fin.
Sentí un gran alivio al poder respirar aire fresco y sentir una suave brisa en mi cara. Ya
apenas se escuchaba la música de la discoteca, y mi corazón volvió a latir tranquilo. “¿Y
ahora qué hago yo?”, pensé. Lo más lógico me pareció volver a casa, así que comencé a
caminar.
Anduve unos diez minutos hasta llegar a la calle donde vivía. Iba distraído, tarareando
una canción de Oasis, mi grupo favorito, cuando escuché una preciosa voz femenina
cantando la letra. Miré hacia detrás y vi cómo una sombra desaparecía tras la esquina de
la calle. Fui corriendo para ver quién era, pero al doblar la esquina solo advertí la
presencia de un gato negro de ojos enormes y verdes mirándome fijamente, con
extrañeza. Me dio la sensación de que el animal pensaba que estaba loco.
Contemplé la opción de volver a casa, pero esa voz... Seguí andando. Busqué a aquella
chica durante casi media hora por las calles de alrededor, pero no había rastro de nadie.
Me rendí al poco de las doce, ya que estaba muy cansado. Llegué a mi casa y me fui a
dormir.

No la podía ver, pero la oía por todos lados. Se escondía entre las sombras y yo me
guiaba por su voz. No sabía quién era, pero quería abrazarla, darle la mano, escuchar su
melodía por toda la eternidad. Su voz me llevó hasta un callejón sin salida. Cantaba
cada vez más alto. De repente, aquella chica apareció de la nada, de espaldas. Me
aproximé a ella y posé mi mano sobre su hombro. Ella, todavía cantando, se dio la
vuelta lentamente, pero antes de que pudiera verle la cara una luz me deslumbró.
Me desperté sobresaltado y miré el reloj de la mesilla. Eran las diez de la mañana.
Deseé no haberme despertado para seguir soñando con aquella voz. Me levanté, me
vestí y fui a desayunar. Fue un sábado como cualquier otro, excepto por el hecho de que
no paré de pensar en ella ni un instante.
Sobre las doce menos cuarto, después de cenar, me acordé de que tenía que sacar la
basura. Bajé a los contenedores más cercanos, que se encontraban en la esquina donde
la noche anterior había visto aquella silueta misteriosa. Mientras tiraba la bolsa de
plástico sentí que algo rozaba mis piernas. Miré hacia abajo y descubrí que se trataba
del gato negro, que parecía buscar mimos. Me agaché y lo acaricié suavemente mientras
él ronroneaba. En ese momento me percaté de la belleza de aquel animal.
Hacía un poco de frío, así que me despedí del gato con una última caricia y me di la
vuelta para volver a mi casa. Empecé a tararear, como acostumbraba a hacer cuando
estaba tranquilo, y entonces volví a escuchar aquella dulce voz que acompañaba mi
canción. Esta vez, ni siquiera miré atrás. Corrí hasta llegar al portal y subí a casa.
Pensaba que estaba perdiendo la cordura. Me metí a la cama. “No pienses en ella, no
existe”, repetía en mi cabeza, pero era inútil.
Aparecí en el callejón sin salida. Estaba en frente del gato. Su pelaje negro brillaba a la
luz de la luna y sus ojos verdes parecían leerme la mente. La voz empezó a sonar,
cantando mi canción favorita: Wonderwall. Me senté en el suelo. Mi corazón latía al
ritmo de la canción, pero de una forma muy distinta a como latía en la discoteca. Estaba
tranquilo, mirando al gato. Sentí una mano en mi hombro, y una chica se sentó a mi
lado. No veía su cara, pero sabía que ella cantaba. Nos quedamos sentados en el suelo,
el gato ya no estaba.
Me desperté. Una clara luz matutina se colaba por la ventana de mi habitación.
Comencé el domingo tomándome un vaso de leche- no me gusta el café- y, acto
seguido, me tumbé en la cama para leer.
El día se pasó rápido. Leí, estudié, vi la televisión,... y, cómo no, pensé en aquella
chica. Ya no sabía distinguir entre los sueños y la realidad, pero tampoco me
preocupaba demasiado por ello. Me sentía feliz.
A las seis decidí salir a dar un paseo para despejarme. Tonos azules, naranjas y rosas
teñían el cielo de atardecer. Me dirigí hasta un parque cercano. El césped estaba
cubierto de hojas secas y los árboles brillaban naranjas por los últimos rayos de sol.
Entonces vi a una chica sentada en un banco pintado de azul. Desde la noche de la
discoteca, apenas había hablado con gente, y me apetecía compañía.

Me acerqué al banco y me senté a su lado. Ella no pareció extrañarse. Llevaba unos
cascos puestos.
-Hola. ¿Qué escuchas? -Le pregunté.
Entonces ella me miró y pude ver bien su cara. Su tez pálida, salpicada por algunas
pecas, contrastaba con su pelo negro y ondulado, que le llegaba hasta los hombros. Bajo
sus cejas finas y arqueadas destacaban unos preciosos y enormes ojos verdes, que
parecían leerme la mente.
Ella me ofreció uno de los cascos. Estaba escuchando una canción que me encantaba, y
ambos empezamos a cantarla, por lo que pude comprobar que era su voz la que había
escuchado en sueños y tras las esquinas. Ahora estoy realmente enamorado. No solo de
su voz, también de su forma de ser y de ver la vida. Y no sé por qué, pero ella también
está enamorada de mí.
Ella niega saber nada de esos hechos misteriosos, pero, desde que la conocí, no he
vuelto a ver al gato.

Irene Ceinos Riofrío. 3o ESO C

ACCÉSIT

Carta al idioma japonés
Las cosas podrían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo sucedieron
así, con un sencillo “¡Hola!” ¡Hola Japonés! ¿Cómo te va todo? ¿Siguen corrigiéndote
cada lustro los trazos de tus ideogramas para facilitar tu comprensión?
Lo sé, no me digas más, ya sé que los ideogramas, eso que el resto llaman “letras
chinas” no son creación tuya propia. Pero eso no quiere decir que no luches por
conservar una escritura por todos conocida como milenaria, y me consta que lo haces
con toda tu fuerza, con todo eso que la juventud llamamos kokoro.
Te dije en su momento que eso de enviar a la familia Fujiwara en misión diplomática
hacia la China Tang traería multitud de cosas nuevas, entre ellas un nuevo sistema de
escritura que dividiría a las masas entre dominadores y dominados. Cómo será que hasta
el budismo arraigó en tus tierras y se fundió con las deidades de cada una de tus islas.
Es igual, es imposible enfadarse contigo. Eres como un niño pequeño que corretea de
aquí para allá preguntando “¿qué es esto?”, “¿qué es aquello?”. Incluso en muchas
ocasiones me llegas a parecer como un caleidoscopio de diversas formas y colores, pero
de una belleza que me derrite el alma. No quiero sonar cursi, ¿sabes?, pero he de admitir
que cada día me gustas un poquito más.
¿Te acuerdas de aquella primera vez que nos conocimos? Fue curioso, la verdad. Yo era
muy pequeña y te encontré junto a mi hermano mayor; aunque en ese momento todavía
no te reconocía. Le estabas contando una de tus tantas aventuras situadas hace miles de

años. Le vi conmocionado, interesado e impregnado de tu sabiduría. Me acerqué tímida
hacia ti, y con gran curiosidad te pregunté: “¿Quién eres?”.
Ya en mi adolescencia quise adolecer de todas las virtudes, menos de la sabiduría, y en
una de esas tardes hablando con mi amigo Inglés, me dio por llamarte por teléfono para
que te pasaras un rato por mi casa y me hablases de ti. Me explicaste que no tienes claro
quiénes fueron tus padres, que desde temprana edad te dijeron que eras más parecido al

coreano que a otras lenguas, ¡ah! y que guardabas semejanzas con las lenguas malayo-
polinésicas. Hijo mío, realmente eres un quebradero de cabeza para los estudiosos y

lingüistas que finalmente se dan por vencido y abogan porque eres más una mezcla de
una lengua primitiva indígena de tus islas con influencia de otras lenguas.
Es más, mucha gente con la que comparto mi vida me dice, “¡Anda! ¡Si estás hablando
con tu amigo el Chino!” Y yo les respondo siempre “No se llama Chino, se llama
Japonés, ¡y es muy distinto al Chino!” ¿Te acuerdas de aquella vez que Inglés y yo te
defendimos de aquellos matones que se reían ignorantemente diciendo que eras lo
mismo que el Chino? Ya sabes, esa gente que se regocija en su ignorancia diciendo que
para ellos sois lo mismo. Me encantó cuando en aquella ocasión Inglés le dijo a uno de
esos tarados “Excuse me, my lord, I feel you have a wrong idea of my good friend
Japanese”.
¿Sabes una cosa? Estoy entendiendo poco a poco eso que me dijiste una tarde, de que
eres un idioma aglutinante. Vamos, que funcionas a base de lexemas con sufijos y
prefijos. Me estoy dando cuenta de que, contrariamente a lo que se piensa en general
por las calles, eres más sencillo de entender de lo que pareces. No entiendo por qué la
gente tiene tanto miedo de conocerte. Yo creo que eres un buen chico, aunque a veces te
pones un poco pesado con tus estilos de expresión llano y cortés, que esto no lo puedo
decir porque lo dicen los chicos, que esto sólo lo dicen las chicas, que no acentúe tanto,
que no es Castellano, que si las inflexiones, que si el tópico de oración...¿¡Se puede
saber por qué no usas sujetos?! No te imaginas lo sencillo que me lo pondrías usando
sujetos, pero no, ahí va él, nada de usar sujetos, sólo tópicos de oración.
Pero bueno, quiero que sepas que a pesar de la distancia, me estás ayudando mucho a
entender nuevas culturas, una nueva historia y nuevas virtudes, aunque también hay que
tener cuidado con los defectos que todos tenemos y absorber siempre lo bueno. Te he
cogido tanto cariño que tus silabarios no hacen más que dar vueltas y vueltas por mi
cabeza cuando sueño. Debo admitir que aprender tu silabario Hiragana me resultó muy
sencillo, puesto que son trazos suaves, delicados, hermosos y curvilíneos. Por eso le
llaman “La Escritura de Mujer”. No como el Katakana, que es más...¿cómo lo diría?,
¿tosco?, ¿bruto?, ¿anguloso? Es igual. Más me vale aprender los dos y al menos unas
tres mil “letras chinas” como vulgarmente las llaman, para que tú y yo podamos
entendernos. Para que de esta forma, pueda entender aún más el significado sobre tu
bandera, que tu círculo rojo no es un círculo, sino un Sol que se alza por Oriente, y por
eso llaman a tus islas el País del Sol Naciente.

Montserrat de los Ángeles Gómez. Pardo 4o C

Uxio
Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron
así. Y es que hay múltiples maneras de relatar una historia de amor y, por desgracia, la
mayoría de ellas no son breves. El corazón a veces es verdaderamente complejo y
explicarlo emplea algo más que dos páginas de espacio. No son muchos los que han
logrado exponer sobre un papel latidos, momentos, emociones y hacerlo con brevedad.
Y esos genios poetas no son precisamente hombres a los que yo pueda tratar de
equipararme. Con lo que contaré esta historia tal y como fue, lo que pasó de principio a
fin y el porqué de que ninguno de los implicados en ella pudo olvidarse jamás de ello.
Así que vayamos por partes. Os presento a Valeria, la implicada número uno. Es
morena, bajita, bastante delgada y su sonrisa solo inspira verdad. Hoy en día está casada
con Miguel, un tipo encantador, y tiene dos hijas. Pero me estoy adelantando a los
acontecimientos. No debería contar cómo es sino más bien cómo era. A Valeria le
encantaba mirar por su enorme ventanal al olivo que tenía en frente de su casa y
observarlo en las diferentes épocas del año. Luego se sentaba al lado del caballete de su
salón y dibujaba. Dibujaba a los gorriones que hacían nidos en la copa del olivo, a las
florecillas claras y diminutas que aparecían en las ramas del árbol en primavera, el
musgo que aparecía en el tronco de este en tiempos lluviosos, sus preciosas hojas
puntiagudas de las que caían, como verdes canicas brillantes, las aceitunas del hermoso
árbol.
Valeria no era muy amiga del exterior, ni de la gente. No era antisocial ni mucho menos,
tampoco le faltaban amigos. Pero al cumplir los dieciocho había comprado con los
ahorros de toda su infancia aquel modesto pisito, al lado de aquel inmenso olivo, como
ella soñaba desde hacía tiempo. Y una vez cumplido su sueño no deseaba más que poder
dedicarse enteramente a plasmar con lápiz y papel el ser de naturaleza que tanto
admiraba. A pesar de no ser suyo, ni siquiera de la urbanización en la que vivía desde
hacía 4 años, ella se había permitido la licencia de ponerle como nombre Uxio, el
nombre de su abuelo gallego, un hombre entrañable que se dedicaba a los olivos.
Todo cambió el día en el que a Uxio le crecieron unas hermosas aceitunas de un color
más bien morado en la parte trasera de la copa. Valeria las apreciaba entre las hojas pero
no podía verlas bien. Así que cogió su cuaderno de notas y un lápiz dispuesta a hacer un
boceto de esas aceitunas maduras y a punto de caer. Salió de casa corriendo, solo quería
dibujar inmediatamente esas olivas cuando vio a un chico que pasaba corriendo a su
lado. El chico llevaba ropa deportiva con lo que Valeria dio por hecho que se trataba de
un runner y siguió caminando. Pero la verdadera sorpresa vino justo después, cuando
Valeria tan concentrada en llegar al árbol cuanto antes no se fijó en aquella chica rubia
que corría detrás de aquel chaval como si le estuviera persiguiendo, con un vaso en la
mano y una pluma estilográfica en la otra. Y efectivamente, lo inevitable pasó: a los dos
segundos esta chica tenía derramado por toda la camisa lo que parecía ser café con
leche.
Pero un segundo, detengamos momentáneamente esta relato. Acabamos de conocer a
nuestra segunda implicada en esta historia, Esther. Es rubia, alta y tiene unos intensos
ojos verdes por no hablar de su inmenso y evidente atractivo. Nunca en mi vida he visto
una chica tan estéticamente perfecta como Esther. Hoy día cría sola a su hijo recién
nacido. Cuando esta historia sucedió ella no cumpliría la mayoría de edad todavía o la
habría cumplido recientemente y vivía con sus padres, aunque estos no paraban de
discutir y ella huía constantemente de su casa. Lo que más le apasionaba a Esther era
pasear y, sobre todo, fijarse en la gente a la que veía, en especial esa gente singular e
intrigante que le inspirara curiosidad y seguirlos hasta que se acabara el día: aquel chico
de la sudadera roja que escuchaba música con cascos de luces LED, esa adolescente de

pendientes de aro y abrigo negro que echaba a correr al llegar a la plaza, o esa abuelita
que, sin venir a cuento y sin motivo, le sonreía al pasar. Luego, por las noches, Esther
volvía a su casa y anotaba a esas personas interesantes y trataba de imaginarse que
escuchaba aquel chico, hacia donde iba esa adolescente o por qué sonreía esa mujer.
Esther no iba casi nunca al instituto pero sus padres ni se enteraban. Simplemente tenían
cosas más importantes en qué pensar. Una vez introducida la segunda implicada
podemos continuar.
-¡Lo siento, lo siento, lo siento! No pretendía mancharte, de verdad.
- No pasa nada. La culpa es mía por ir corriendo. Lo malo es que mi casa está muy lejos
y no voy a poder ir a cambiarme. No sé cómo he acabado aquí, estaba siguiendo a ese
chico y...
-¡Ven a la mía! Mi piso está en este edificio y si quieres te puedo dejar algo de ropa para
cambiarte. Además puedes limpiar allí la camisa si quieres.
Esther miró por un momento al chico que se alejaba.-De acuerdo- dijo- muchas gracias.
Valeria la acompañó a su piso, mirando por última vez a Uxio y a la oportunidad que
había dejado escapar de dibujar aquellas olivas que tan hermosas le parecían. Una vez
en su casa y cambiada la camisa por una bata verde oscura, Valeria se empeñó en invitar
a Esther a un café con leche, ya que le había tirado uno y a tomárselo juntas mientras la
camisa se secaba, propuesta que la segunda no pudo rechazar. Pero no os imagináis cuál
fue la sorpresa de Esther al descubrir el salón de Valeria y ver todos los dibujos de Uxio.
Y, evidentemente, alguien tan curioso como Esther no pudo quedarse callada y dejar
escapar a aquel ejemplar de persona. Así que Valeria le contó toda su historia y todo lo
relacionado con Uxio. Le explicó el motivo de que dedicara su vida entera a retratar a
ese olivo y le reveló que nunca pudo perdonar a sus padres que se fueran de Vigo, su
tierra natal, abandonando a su abuelo Uxio y no volvieran ni cuando este falleció.
-Desde entonces, siempre que pasaba cerca de este olivo soñaba con vivir a su lado y
dedicar mi vida a él. Es una especie de homenaje a mi abuelo. Y el irme de casa tan
temprano un tipo de venganza a mis padres por nunca regresar a Galicia- Valeria
suspiró. Nunca antes le había contado esto a nadie y por algún motivo, con Esther se
sentía especialmente cómoda. Pero a ella también le intrigaba esa chica. ¿Por qué podía
estar siguiendo a aquel deportista? Valeria estaba dispuesta a preguntárselo pero Esther
se le anticipó.
- ¿Entonces nunca has dibujado nada más que a Uxio? ¿Nunca has pintado un retrato o
algo así? Lo digo porque tienes verdadero talento- preguntó Esther mientras admiraba
uno de los bocetos de Valeria. Esta historia, esta chica, y todo su pasado la habían
enamorado. ¡Era justo lo que llevaba buscando tanto tiempo!
- No. pero...- y Valeria dijo algo que jamás creyó que diría- podría probar contigo ¿no?
Siempre hay una primera vez.- cogió su caballete y comenzó a retratar los bellos rasgos
de Esther- y mientras tanto... ¿qué tal si me cuentas por qué seguías a aquel chico?
Y así transcurrió la tarde. Esther le explicó a Valeria su obsesión con la gente
interesante, con historias intrigantes y formas de ser curiosas mientras esta ponía todo
su empeño en dibujar el rostro de Esther y que este quedara reflejado tan bonito como el
original, tarea que según Valeria pensaba “Es imposible. Es como tratar de dibujar la
luna tan brillante y bella como la original”.
Sin darse cuenta, Valeria también había encontrado lo que necesitaba, alguien con quien
no le diera miedo abrirse y alguien que pudiera robarle el pensamiento un momento y
apartarlo de Uxio. Cuando terminó el dibujo le hizo una seña a Esther para que se
acercara.
-¿Que te parece?- Murmuró Valeria. Y entonces Esther la besó dulce y suavemente,
como quien no quisiera que el beso acabara nunca. Valeria le devolvió el beso una vez,
y otra, y otra, y otra...

A la mañana siguiente, Valeria se despertó tarde y encontró una nota sobre la mesa.
“Mis padres se iban a preocupar. Gracias por la mejor tarde y la mejor noche de mi vida.
ESTHER.” Y un número bajo la firma. Valeria sonrió y, en ese momento, se acordó de
las aceitunas de Uxio. Corrió, nota en mano a ver si permanecían. El día estaba lluvioso,
la calle mojada, el cielo gris, y las olivas en el suelo. Valeria dejó caer la nota sin notarlo
pero cuando se quiso dar cuenta esta estaba empapada y el número de Esther borrado.
Dicen que a veces las decisiones más duras de tu vida te impulsan a casualidades
maravillosas y este fue un caso. Valeria y Esther no se volvieron a ver. Ahora Valeria
está casada y tiene dos hijas: Violeta y Oliva, aquello que perdió dolorosamente y que
supuso la mejor decisión de su vida. Se dedica a vender sus propios cuadros y le va muy
bien. Esther, harta de la situación de sus padres, se marchó de casa y escribió un libro
que se hizo Best Seller llamado Historia entre ramas. Hoy cría sola a su hijo Uxio. Y,
mientras, yo, aquel olivo que vio aquel amor casual ocurrir en una sola tarde, y que,
como árbol, viviré más que cualquiera de vosotros, aún sigo aquí, contemplando las
historias que ocurren a mi alrededor pero recordando para siempre aquella que me dio
por nombre Uxio.
Jimena Cuevas Balenzategui. 3oESO B

3a CATEGORÍA: BACHILLERATO.

¿Será el azar?

Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo,
sucedieron así. Resultaba curioso cada vez que lo pensaba. Era como si todos los
elementos que componían su vida se hubiesen puesto de acuerdo para acabar con ella en
unas pocas horas. “Está claro que debe de existir algún tipo de fuerza mística que haya
dispuesto todo cuanto me afecta de esta manera”, se decía. “No puede ser Dios, yo soy
un ateo convencido, pero tampoco puede ser el tiempo, que no tiene razón de ser”.
Apretó los labios adoptando una actitud reflexiva mientras conducía su viejo y
resplandeciente Cadillac negro de 1960. “Mmmm..., creo que ya lo tengo. ¡Es el azar!”.
Y rebajó la tensión de sus labios para volver a centrar toda su atención en la carretera.
“El azar lo explica todo. ¿Por qué me ha dejado mi mujer hoy? ¡Por azar! ¿Por qué me
han despedido hoy del trabajo? ¡Pues por azar también! ¿Y por qué me he caído en un
charco de barro al salir de la redacción del periódico? ¡El azar es la respuesta!”. Y una
sonrisa de pánfilo conformista que él hubiera detestado de haberse visto en el espejo, se
dibujó en su rostro.
En tanto que su mente divagaba en estas curiosas reflexiones, el sol comenzaba
ya a ocultarse entre las rocosas montañas del horizonte y sus rayos desprendían una leve
luminosidad entre rojiza y anaranjada por el paisaje desértico. “Ah... cómo me gusta
conducir por el desierto”, pensaba ahora. “Es como vivir desde dentro todas esas viejas
películas del oeste que veía de pequeño”. Y mientras su imaginación se esforzaba por

remitirse a nobles pistoleros, pobres y maltratados indios y damiselas en apuros con la
cara de Olivia de Havilland fruto del ingenio machista de algún guionista yanqui, la
realidad se presentaba terrorífica en alguna zona del hemisferio izquierdo de su cerebro.
Pero las fantasías duraron poco. Un enorme camión de cemento, conducido por
un tipo obeso y de expresión grosera que fumaba al volante mientras escuchaba una de
esas espantosas y pegajosas, que no pegadizas, canciones latinas en la radio, avanzaba
en su dirección por el carril contrario. “¡Qué ser tan mediocre!”, opinó para sí. “¡Y qué
alta lleva esa horrible música!”. Afortunadamente para él, el otro vehículo no tardó en
pasar a su lado y desaparecer de su vista. “¡Menos mal!”, se dijo. “En realidad me da
pena. Seguro que no le espera nadie en casa”. Pero entonces algo extraordinario sucedió
en su cerebro. Llámenlo sinapsis prodigiosa o revelación espiritual, pero el caso es que
el conductor de aquel Cadillac se dio cuenta de que a él tampoco le esperaba nadie en
casa.
“Lo mejor es que yo también escuche algo de música”. Rápidamente extendió su
mano derecha y tomó un casete de su adorado John Denver del asiento contiguo. Lo
insertó en el reproductor del coche y, acto seguido, el Take Me Home, Country Roads
comenzó a sonar con su magnificencia y melancolía características. La canción logró
apaciguar sus pensamientos durante algunos minutos, pero, entonces, como buen
conocedor de la lengua inglesa que era, se dio cuenta de que la canción hablaba de la
nostalgia, el hogar y una mujer. Y, pese a estar acostumbrado a complejos procesos
deductivos y elucubraciones de toda clase, como animal primario que era (aunque le
pesase), pensó, precisamente, en la nostalgia, en su hogar y en su mujer.
Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que llevaba conduciendo horas
sin rumbo fijo y de que los párpados de sus ojos comenzaban a cansarse. “Tendré que
buscar un lugar donde cenar y dormir”, concluyó, y tras cuarenta minutos más de
música country y carreteras perfectamente rectas, aunque no tan bien asfaltadas, llegó a
un local que era al mismo tiempo gasolinera, restaurante y prostíbulo, y cuyo letrero de
neón rezaba: “Aquí tenemos de too” mientras una eléctrica letra “d” yacía en el suelo
junto a un cubo de basura al lado de la entrada. Aparcó su Cadillac en una de las
múltiples plazas que quedaban libres y empujó la puerta del local, no sin antes
comprobar que estaba lo suficientemente limpia como para establecer contacto físico
con ella.
Nada más entrar el olor a mayonesa podrida atacó sus fosas nasales con tal
ímpetu que tuvo que andar tres pasos hasta la barra del bar para poder decir que se había
acostumbrado a tal aroma. Allí, una mujer barbuda de expresión grotesca, que de haber
nacido en el siglo XIX hubiera sido explotada en un circo ambulante, se acercó y le
preguntó qué deseaba tomar. El conductor del Cadillac echó un vistazo a la pizarra que
colgaba de la pared y en la que estaba escrita, con incontables faltas de ortografía, la
carta que componía el poco variado menú del local. Teniendo en cuenta que los tres
únicos platos disponibles eran una ensalada de ingredientes desconocidos, una
hamburguesa y una tercera opción imposible de descifrar gracias a la mala caligrafía,
nuestro protagonista optó por la segunda alternativa junto con un simple vaso de agua.

Mientras la barbuda regente del local se retiraba a la cocina, el conductor del
Cadillac decidió matar el tiempo observando a los personajes allí reunidos. Contó tan
solo tres mesas ocupadas y otros dos comensales en la barra, todos ellos con la mirada
clavada en una vieja televisión en cuya pantalla se podía ver a un banquero reconvertido
en político que aseguraba ser de centro y vociferaba en una tertulia supuestamente seria.
“Pobres ignorantes”, pensó. “Seguro que no entienden ni la mitad de lo que dice”.
En ese momento la señora barbuda volvió a entrar en escena y un plato de color
sospechosamente amarillento con una hamburguesa encima y un vaso de agua
aterrizaron frente a él. Y la expresión que adoptó en ese momento su rostro fue tan
sumamente demostrativa del asco que sentía que no pasó desapercibida para uno de los
dos clientes que también se sentaban en la barra. El pan estaba quemado, el filete a
medio hacer, las rodajas de tomate podridas y el queso brillaba por su ausencia. Tras
examinar el plato brevemente, decidió hacer caso omiso del mismo y, al oír sonoras
carcajadas a su espalda, se giró de nuevo hacia la televisión. El político había sido
sustituido por una serie de comedia, por lo visto hilarante al comprobar la reacción que
producía en la audiencia del bar, que mostraba una tierna escena familiar. Y fue
entonces cuando se dio cuenta de que todos los que se sentaban a la mesa en aquel
mugriento local estaban acompañados. Había personas envueltas en jocosas
conversaciones, parejas de jóvenes enamorados y hasta uno de los clientes en la barra
disfrutaba alimentando a su perro con las sobras de la cena. Mientras tanto, él estaba
solo. Con un elegante traje negro cuyo valor superaba la renta de muchos de los que
estaban allí, con un número seguido de muchos ceros en un documento bancario, con
una cultura y un saber inigualables, pero solo. Solo, al fin y al cabo. Y justo cuando una
lágrima pretendía escaparse de la inquebrantable fortaleza de sus fríos ojos, se acordó
del otro comensal en la barra. Se giró hacia él y contempló, satisfecho, que tampoco se
encontraba acompañado.
-Una noche solitaria, ¿eh? – le preguntó con una ligera sonrisa.
-Hable por usted, amigo – respondió el hombre, y señaló al servicio de señoras.
En efecto seguía estando solo. Y no, eso no lo podía explicar el azar.


Marcos Caballero de Mingo.1aBHCS B

martes, 4 de junio de 2019

EL TEATRO BARROCO POR DENTRO

CRISTINA VICENTE SÁNCHEZ
1º BCCSS B


·         INTRODUCCIÓN
En unos de sus Ensayos Críticos, Roland Barthes se preguntaba:
¿Qué es el teatro? Una especie de maquina cibernética. Cuando descansa, esta máquina esta oculta detrás de un telón. Pero a partir del momento en que se la descubre, empieza a enviarnos un cierto número de mensajes. Esos mensajes tiene una característica peculiar: que son simultáneos, y , sin embargo, de ritmo diferente ; en un determinado momento del espectáculo, recibimos al mismo tiempo seis o siete informaciones (procedentes del decorado, de los trajes, de la iluminación, del lugar, de los actores, de sus gestos, de su mímica, de sus palabras) pero algunas de esas informaciones ( las palabras, los gestos); estamos, pues, ante una verdadera polifonía informacional, y esto es la teatralidad: un espesor de signos.
·         LUGAR DE REPRESENTACIÓN:
En sus comienzos el teatro no se representaba en lugares específicos y cercados, como mas tarde se hizo o como se hace hoy en día, no se conocían los términos corrales de comedias o teatros. Por lo cual, estas pequeñas representaciones se hacían en tablados improvisados en las plazas de los pueblos. Cervantes los descubrió en Andalucía, en una representación de Lope de Rueda, describía estos tablados como cuatro bancos que formaban un cuadrado, y los cuales soportaban varias tablas, estos bancos proporcionaban una pequeña altura con la que diferencia el escenario y los actores, con los expectantes y sus sitio respectivo; además ganando esta altura añadían importancia a los actores y al espectáculo.
Posteriormente se empezó a representas en patios interiores de las casas, a lo que llamaron corrales, lo que originó los corrales de comedias. La creación de un sitio especifico para la representaciones conllevó a que se controlase el teatro de forma económica, a través de las taquillas, pero también a fomentar la censura laboral e ideológica.
Este patio se dividía en dos mitades, en una se situaba el escenario, que consistía en una plataforma elevada. En la segunda mitad del patio se encontraban, cerca del escenario, filas y columnas de bancos, simulando unas gradas. En la otra parte del la segunda mitad, se reservaba un espacio completamente vacio, en el que los expectantes permanecían en pie durante la representación. Esta división de los asientos era utilizada para la división de clases, en los bancos se situaba la clase media como los comerciantes; mientras que el espacio de atrás era para la clase baja, por ejemplo, los rufianes, al auditorio que se situaba en esta parte se les denominaban, los mosqueteros.
Además de dividir a las clases sociales, dividían a los hombres y mujeres. Todos los hombres se situaban en la planta del patio, es decir, en los bancos y en las localidades de pie. Por el contrario las mujeres de clase media, las mujeres de clase baja no tenían la entrada permitida; estas eran situadas a lo que se denominaba la cazuela, la parte alta enfrente del escenario.
Por otro lado, en los laterales del primer piso de los teatros, se situaban las clases pudientes y los nobles, en lugares reservados llamados aposentos. Encima de estos, en el piso superior, se situaban los desvanes y tertulias, reservados para los escritores e intelectuales, es decir el público culto. En algunos teatros existían localidades especiales, muy próximas al escenario, en los que se situaban las autoridades o el rey.
Normalmente e estos corrales existían varios oficios, entre los que estaba el alguacil de comedias, se encargaban de mantener el orden, ya comúnmente los mosqueteros trataban de sabotear la obra, `por ejemplo lanzando hortalizas a los actores y al escenario.

→   EJEMPLOS DE CORRALES DE COMEDIAS:

1.      Corral del Príncipe: ubica en Madrid, se sitúa en el mismo lugar que ocupa hoy en día el Teatro Español. Fue inaugurado en 1583 y antiguamente se conocía como el Corral de la Pacheca.
2.      Corral de Alcalá de Henares: su existencia se remonta a 1601, y está situado en la actual Plaza de Cervantes. Es considerado el edificio de uso teatral más antiguo de toda Europa, ya que hoy en día se sigue usando. Pero su uso no siempre ha sido el teatro, por ejemplo ha sido una sala de cine.
3.      Corral de Almagro: conocido mundialmente, permaneció activo más de 400 años y hoy en día lo sigue siendo, llegando a acoger a más de 300 personas. Fue construido en 1628 y el 1955 fue declarado Patrimonio Nacional.

·         LAS COMPAÑIAS DE TEATRO
A lo largo del siglo XVIII distinguimos ocho tipos de compañías teatrales, pero hare hincapié en las más interesantes.
      Bululú, consistía en un solo actor, el cual interpretaba todos los personajes de la misma comedia.
      Gangarilla, era una compañía formada por tres o cuatro hombres, a lo cuales le acompañaban un muchacho, que se encargaban del papel de mujer.
      Bojiganga, compuesta por dos mujeres, un muchacho y uno seis hombres, los cuales representaban varios entremeses, aproximadamente cuatro autos y seis comedias.
      Farándula, considerada uno de los mayores tipos de compañías, estaba formada por tres mujeres, entre ocho y diez hombres. Representaban un total de diez comedias; y se caracterizaban por vivir de una manera más acomodada que el resto de compañías.


·         LA REPRESENTACIÓN
Era muy común que las representaciones se prolongasen durante horas, ya que a parte de los actos propios de la comedia, se representaba una loa al comienzo de la obra, esto consistía en una presentación de la compañía, además era la forma más común de conseguir el silencio necesario del auditorio. Entre el primer y segundo acto se representaba el entremés, que consistía en una breve pieza cómica, que la originó Lope de Rueda. Al finalizar la obra, se representaba otra pero más breve, esta tenía el nombre de jácara, en ella se representaba el mundo marginal, dando pie a usar el lenguaje de este, la jácara podría ser cantada o recitada.

·         ACTORES FAMOSOS DE LA ÉPOCA
Destacaron dos actrices y un actor, a los cuales se les escribían papeles específicos, con los cuales representaban al pueblo y sus costumbres.
      La primera actriz reconocida fue María Inés Calderón, más conocida como la Calderona.  Era la amante favorita de Felipe IV y madre del bastardo, Juan José de Austria, pero también fue monja. La verdadera biografía de esta actriz es desconocida, ya que a lo largo de los años se ha entremezclado bastante con la ficción, hasta el punto que no se está seguro ni de su apariencia física. 
      La segunda actriz es Jusepa Vaca, tuvo una vida poco ejemplar pero fue reconocida como una de las mujeres más atractivas de su tiempo. Fue reclamada y deseada como comedianta por los escritores de teatro, por ejemplo Lope de Vega escribió varias comedias para ella.
      Juan Rana, fue un reconocido actor, al que se le conocía como Cosme Pérez. Fue el principal nombre y reclamo de muchas obras de la época. Durante casi diez años  perteneció a la compañía dirigida por Juan Bautista Valenciano. Más tarde seria contratado por Antonio de Prado. Una de sus intervenciones más famosas fue en la comedia de Lope de Vega, Lo que ha de ser.

·         VESTUARIO
Entre toda la variedad de recursos estilísticos utilizados en el teatro, ya sea para acompañar a los actores o para mejorar la propia obra, uno de los que destacan desde el comienzo por su importancia, es el vestuario. En mi opinión, el vestuario, es un arte que acompaña y expresa. Además al ser un arte visual, en muchas ocasiones vamos a entender lo que quiere decir con tan solo verlo.



El vestuario era utilizado para:
      Indicar la posición social del personaje, por ejemplo si era pobre, rico, noble… muchas veces se especificaban con acotaciones, como, “en traje de dama”
      Señalar la profesión u oficio que se representa, la variedad de estos es inmensa, pero algunos ejemplos son, “de marinero” o “en hábito de lacayo”
      Informar sobre la nacionalidad, de esta manera se remarcaban las costumbres y los trajes típicos de cada país.
      Posicionar al personaje en espacio y tiempo, y si estaba viviendo alguna situación especial. Por ejemplo, si se remarcase “con manto”, supondríamos que el personaje estaba en la calle o procedía a salir afuera.
      No solo el vestuario, pero la desnudez también era muy importante y muy común en el teatro. Esta podía simbolizar que el personaje se acaba de levantar o se iba a dormir, pro también podía significar la muerte de alguien o una desgracia.

·         BIBLIOGRAFIA
LIBRO: Lengua Castellana y Literatura, 1º Bachillerato. Editorial: Mc Graw Hill

GALERÍA DE IMÁGENES






CORRAL DE ALCALÁ

CORRAL DE ALMAGRO

CORRAL DE COMEDIAS

CORRAL DEL PRÍNCIPE

COSME PÉREZ




 






jueves, 30 de mayo de 2019

El Quijote en el cine

EL QUIJOTE EN EL CINE

Introducción

         Mientras que en muchos países del mundo como Francia, Reino Unido o Estados Unidos existe la tradición de adaptar las obras clásicas de sus respectivas literaturas a un medio tan universal como es el cine, en España, sin embargo, habitualmente no se ha seguido esa costumbre. Existen numerosas adaptaciones de clásicos literarios españoles, pero, normalmente, o son escasamente conocidas o su calidad es tan ínfima que apenas merecen atención. No hay de qué avergonzarse, se trata de un problema técnico debido a que la industria cinematográfica española nunca ha contado con las inversiones y los medios necesarios para llevar a cabo unas adaptaciones que, por lo general, requieren de un gran presupuesto.
         No obstante, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605-1615), la obra más célebre de la literatura española puede presumir de contar con un total de 258 adaptaciones al cine y la televisión[1] hasta la fecha actual. Me dispongo, por tanto, a hacer una especie de viaje a través de estas versiones deteniéndome solo en las más célebres o destacables, para comprobar la influencia que esta obra de Miguel de Cervantes ha tenido en el séptimo arte.

El Quijote en el cine mudo

         Tan largo es el camino recorrido por el famoso hidalgo a través del cine que la primera vez que apareció en la gran pantalla fue en 1898 en una breve representación rodada por la famosa productora francesa Gaumont[2] que, a día de hoy, se ha perdido. Por tanto, la primera gran adaptación no llegó hasta 1903 cuando se estrenó Les aventures de Don Quichotte de la Manche de los directores franceses Ferdinand Zecca y Lucien Nonguet y de 6 minutos de duración. Dicha película, que ya recreaba algunos de los episodios más famosos de la novela, fue bien recibida entre el público y, curiosamente, su éxito llegó incluso a los Estados Unidos con su estreno en Washington.
Francia, que en aquella época era un país floreciente en las artes y las letras, se encontraba en la primera etapa de experimentación con el cine, recién inventado por los hermanos Lumière en 1895. Eso explica que casi toda la producción cinematográfica de la época, incluyendo estas versiones del Quijote, se concentrara en el país galo. Pero el afán por las adaptaciones quijotescas no cesó ahí, porque solo en el año 1909 se rodaron otras tres películas basadas en esta historia y una de ellas, Don Quichotte, dirigida por el mismísimo Georges Meliès, el visionario autor de Viaje a la luna (1905). Las películas mudas sobre el Quijote rodadas en Francia continuaron hasta 1912.
Pero por fin llegamos a la primera película española del Quijote: El curioso impertinente (1908) que, si bien se basa en la novela de Cervantes, no se trata de una aventura del famoso hidalgo sino de una representación de la novela homónima que el cura de la obra lee en una venta. Pero ese mismo año y con el mismo director Narciso Cuyás, fundador de la productora Films Barcelona, se rodó Don Quijote, primera adaptación española sobre el hidalgo con el actor Antonio Buixens como protagonista.[3]

Las primeras grandes adaptaciones

Todas las películas que el personaje cervantino protagonizó durante la etapa del cine mudo lo representaron con tono burlesco, como un simple efecto cómico sin ninguna complejidad psicológica o moral. Esta tendencia continuó durante las cuatro adaptaciones estrenadas entre 1915 y 1926, incluyendo la primera de producción estadounidense supervisada por el célebre director D.W. Griffith que, más tarde, ganaría el Oscar, y la aclamada versión danesa con el dúo cómico “Pat y Patachón”. No obstante, en 1933 la tendencia cambió con el estreno del Don Quijote del director checo Georg Wilhelm Pabst. Aquella película, una ambiciosa producción rodada en tres idiomas (francés, inglés y alemán) que inicialmente iba a dirigir Charles Chaplin[4], consiguió abrirse un hueco como obra de culto si bien no suele agradar demasiado a los más fervientes seguidores de la novela debido a que se trata de una adaptación musical protagonizada por el cantante de ópera FeodorChaliapin y que ahonda en el lado más trágico y dramático del personaje presentándolo como un héroe.
A esta película alabada por la crítica y de notable carga psicológica la siguió el famoso cortometraje estadounidense de dibujos animados Don Quixotedel cineasta Ub Iwerks[5] que presenta al personaje como un lunático que, creyéndose caballero, escapa de la celda en la que estaba preso a vivir una surrealista aventura que alterna elementos de la época cervantina con artilugios modernos. Todo ello siguiendo el estilo de entretenimiento infantil de Walt Disney, muy popular en aquella época también por sus dibujos animados.
Antes de entrar en la década de los 40 y centrarse en una de las mejores adaptaciones españolas de la obra, breve mención se debe hacer al filme Dulcinea (1947) de Luis Arroyo que narra una oscura y dramática historia en la que la famosa dama es juzgada por hechicera y quemada en la plaza del pueblo, desentendiéndose del todo de la historia original y tomando como punto de partida una obra teatral de GastonBaty.
Pero es en 1948 cuando el director Rafael Gil estrena por todo lo grande Don Quijote de la Mancha, primera gran adaptación española[6] que necesitó una gran inversión para construir todos los decorados que requería. La película contó con Rafael Rivelles en el papel de don Quijote, Juan Calvo como Sancho Panza y actores reconocidos como Fernando Rey haciendo de Sansón Carrasco y Sara Montiel interpretando a la sobrina del caballero.

El Quijote en Hollywood y en la URSS

         Aunque esto se trate de una revisión de la historia del Quijote en la gran pantalla, sería imperdonable no mencionar la adaptación a la pequeña pantalla que tuvo en 1952 de la mano de la cadena estadounidense CBS. Esta versión televisiva fue dirigida, sorprendentemente, por el gran SidneyLumet, autor de obras maestras tan importantes como Doce hombres sin piedad (1957), y protagonizada por Boris Karloff (famoso por interpretar a Frankenstein) como don Quijote y la a posteriori princesa de Mónaco Grace Kelly en el papel de Dulcinea. Lamentablemente, apenas se conservan imágenes de aquella emisión ya olvidada.
En 1955 el prestigioso director Orson Welles puso en marcha el rodaje de su particular versión de la novela con el actor español Francisco Reiguera como el hidalgo y el ruso AkimTamiroff como su escudero. Sin embargo, debido a numerosos problemas de financiación (Welles tuvo incluso que pedirle dinero a su amigo el cantante Frank Sinatra), el proyecto quedó suspendido durante un tiempo. Welles lo retomó en varias ocasiones rodando en Méjico y España, pero, finalmente, murió dejándolo inacabado. La película no vio la luz hasta 1992 cuando el cineasta español Jesús Franco la estrenó en el Festival de Cannes tras un largo trabajo de recuperación de las escenas antiguas. Pero lo más curioso es el punto de vista que adoptó Welles para narrar la historia. En lugar de centrarse en el tono burlesco o en el dramatismo de la aventura optó por trasladar a don Quijote y Sancho Panza a la España actual como si se tratara de un viaje en el tiempo para ilustrar el choque de mentalidades y, al mismo tiempo, ofrecer la visión de que estos dos personajes siguen siendo iconos reconocibles hoy en día.[7]
         Y del cine estadounidense, aun en los años 50, cruzamos el “telón de acero” y aterrizamos en la Unión Soviética donde, en 1957, el artista GrigoriKozinstevdirigió Don Kikhot que, curiosamente, está considerada por la mayoría de los críticos cinematográficos como la mejor y más fiel adaptación de la novela. No deja de resultar sorprendente que una película soviética sea la que mejor entienda el espíritu del personaje cervantino, pero es que Kozinstev, gran admirador del libro, llevó a cabo su trabajo con tal devoción que se preocupó de plasmar en imágenes con la mayor exactitud posible los episodios más destacados del personaje. A pesar de ello la película no se libró del mensaje propagandístico comunista y en ella don Quijote (interpretado por NikolaiCherkasov) es representado como un héroe de la justicia social que lucha contra los explotadores y siempre se pone del lado de los débiles, es decir, como un paradigma de la filosofía y los ideales soviéticos en plena Guerra Fría. Curiosamente, pese a la censura de la dictadura franquista, la película logró ser la primera producción soviética en estrenarse en España tras la Guerra Civil, en Madrid en 1966.[8]

Las versiones más curiosas e irregulares

Acabada la década de los 50, las de los 60 y 70 trajeron consigo nuevas y muy variadas adaptaciones quijotescas entre las cuales se encuentran también algunas de las más curiosas e irregulares. Eduardo G. Maroto, genio incomprendido, estrenó en 1960 su mediometraje Aventuras de don Quijote como una especie de episodio piloto para lo que él pensaba sería una serie de seis capítulos que acercara la novela al público infantil y juvenil con un tono ameno y más distendido, pero sin descuidar en nada el apartado técnico. Desafortunadamente, los productores no dieron el visto bueno al proyecto y todo se quedó en aquel primer y único episodio. Maroto, de extensa carrera cinematográfica, se lamentaría de aquello hasta el final de sus días tal y como describieron sus hijos en su libro de memorias: “Fue un verdadero Quijote que apostó por utopías como la creación de un cine pensado para niños y jóvenes”.[9]
A este fallido intento de crear una serie de televisión le siguió el estreno de la nueva y una vez más tenebrosa versión de Dulcinea (1963)[10] que, en la actualidad, ha sido fruto de análisis debido a la calidad de su lenguaje visual pero que, en su época, fue un fracaso en la taquilla viéndose eclipsada por el éxito de Una tal Dulcinea, comedia ligera con Lina Morgan en el reparto.
Ya en 1971 el norteamericano Richard Butler (famoso por sus películas de bajo presupuesto) firmó con el respaldo de Disney la que probablemente sea la lectura más original a la par que olvidable del falso caballero: Don Quijote del Oeste, una historia vagamente basada en los personajes de Sancho y Quijote en clave de western en la que, en vez de confundir molinos con gigantes, se confunden motoristas con indios tribales.
Al año siguiente, se estrena el conocido musical El hombre de la Mancha de Arthur Hiller que, en lugar de desarrollarse en el plano ficticio de la novela, toma como protagonista a un Miguel de Cervantes (encarnado por Peter O’Toole) que escribe el Quijote encerrado en una celda por orden de la Santa Inquisición mientras sus compañeros presos intentan robarle el manuscrito. Destaca, por supuesto, la presencia de la reconocida actriz italiana Sophia Loren en el reparto.
Ese mismo año, se produce en España la segunda adaptación más destacable desde la de 1948: Don Quijote cabalga de nuevo del director mejicano Roberto Gavaldón. El filme, consciente de que no podía reproducir satisfactoriamente los diálogos cervantinos ya que solo eran apropiados en el terreno literario y no en el audiovisual, optó por adoptar un estilo independiente y configurar una trama de aventuras entretenida para los espectadores. A esto ayudaron las potentes interpretaciones de Fernando Fernán Gómez como don Quijote y el popular mejicano “Cantinflas” caracterizado como Sancho Panza.

Desde los 80 hasta la actualidad

         Desde la década ochentera hasta el día de hoy, las adaptaciones de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha han ido decayendo en número sin duda debido al desinterés del público actual, más distanciado de la novela y del cine clásico de aventuras y más interesado en las modernas y ruidosas sagas de superhéroes y fantasía.En los 80 todavía estaba fresco el recuerdo de la exitosa serie de televisión de dibujos animados Don Quijote de la Mancha que emitió un total de 39 episodios desde 1978, por lo que el interés por ver nuevas hazañas del alto caballero y su bajo escudero era casi nulo. Por ello, a excepción de un par de nuevos seriales televisivos, la figura del Quijote desapareció casi por completo de las pantallas al tiempo que nuevos iconos más populares las plagaban con películas comerciales más del gusto del público.
Por ello, a excepción de la miniserie El Quijote de Miguel de Cervantes protagonizada por Fernando Rey, Alfredo Landa y José Luis López Vázquez entre otros, con guion de Camilo José Cela y emitida en 1991, nuestra atención no se detiene ya hasta nueve años más tarde, en 2002, fecha en la que se estrena El caballero don Quijote con guion y dirección de Manuel Gutiérrez Aragón (responsable también de la serie anterior). La película recibió elogios por parte de la crítica, incluyendo al exigente Carlos Boyero, especialmente dirigidos a la interpretación del actor protagonista Juan Luis Galiardo.[11]
Siguiendo el éxito de esta última adaptación se rodaron en 2006 la extraña, austera y experimental producción catalana Honor de caballería de Albert Serra y el documental Las locuras de don Quijote de Rafael Alcázar que indaga sobre las similitudes entre la vida del personaje literario y la del propio autor Miguel de Cervantes.
En 2007 se estrenaron las dos últimas versiones de dibujos animados: la pueril y paródica DonkeyXotede Josep Pozo y la infantil Las aventuras de don Quijote donde el Caballero de la Triste Figura es caracterizado como un león y Sancho Panza como un ratón. Conviene mencionar también como dato curioso la violenta adaptación china de 2010 plagada de exagerados efectos especiales y protagonizada por el actor asiático Guo Tao.
Y, finalmente, nuestro viaje llega a su última etapa cuyo nombre, curiosamente, entona perfectamente con lo que se antoja un final: El hombre que mató a don Quijote, la película del director británico Terry Gilliam que, tras 20 años de fallidos intentos de rodaje con distintos actores, vio la luz en 2018 y consiguió dos premios Goya. En ella se narra la historia de un director de cine que, empeñado en rodar una nueva adaptación del Quijote, decide volver al pueblo español donde rodó su primera versión de la obra cuando era joven para descubrir, atónito, que el viejo que interpretó al caballero la primera vez (interpretado por un sublime Jonathan Pryce) se cree verdaderamente don Quijote y va recorriendo España vestido como tal, montando a caballo y luchando con guardias civiles. Otro delirio más en la que, como ven, es la tumultuosa historia de don Quijote en el cine.

Bibliografía


Páginas web consultadas:
1.    Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa: don Quijote en el cine: http://blog.intef.es/cniie/2016/11/03/don-quijote-en-el-cine-y-la-television/
2.    Educomunicacion: don Quijote de la Mancha en el cine: http://educomunicacion.es/cineyeducacion/donquijote.htm
3.    Crítica de la revista Fotogramas sobre El caballero don Quijote (2002): https://www.fotogramas.es/peliculas-criticas/a13214/el-caballero-don-quijote/
4.    FilmAffinity: adaptaciones de Miguel de Cervantes: https://www.filmaffinity.com/es/movie-group.php?group-id=776
5.    Wikipedia, la enciclopedia libre: para la adaptación soviética de 1957: https://es.wikipedia.org/wiki/Don_Quijote_(pel%C3%ADcula_de_1957)
6.    Centro Virtual Cervantes: Quijotes de celuloide: https://cvc.cervantes.es/artes/cine/celuloide/default.htm
7.    El Cultural: el Quijote y el cine:                                            https://elcultural.com/revista/letras/El-Quijote-y-el-cine/38424
8.    Don Quijote Film: para el número de adaptaciones del Quijote: http://www.donquijotefilm.com/en-el-cine/peliculas/?n=&g=7012391&d=
9.    Diario EL PAÍS: para la obtención de algunos títulos: https://elpais.com/cultura/2016/04/14/babelia/1460646853_757004.html
10.                      Diario de un cinéfilo clásico: para la obtención de algunos otros títulos: http://diariocinefiloclasico.blogspot.com/2014/02/don-quijote-en-el-cine-don-quijote-in.html
Películas vistas para la realización de este trabajo:
1.    Don Quixote(Ub Iwerks, 1934) – (Cortometraje de 8 minutos)
2.    Don Quijote cabalga de nuevo (Roberto Gavaldón, 1972) – (135 minutos)
3.    DonkeyXote(Josep Pozo, 2007) – (86 minutos)
4.    El hombre que mató a don Quijote (Terry Gilliam, 2018) – (133 minutos)






Marcos Caballero de Mingo
1º Bachillerato Humanidades y Ciencias Sociales B
IES CASTILLA
Guadalajara, 2019




[5] Se puede ver en esta dirección: https://www.youtube.com/watch?v=YaUp6XqN2j4

miércoles, 15 de mayo de 2019

LOS TALLERES DE SOLDADURA Y MANTENIMIENTO

CÓMO TRABAJAMOS EN LOS TALLERES 
DE SOLDADURA Y MANTENIMIENTO
En la siguiente dirección podéis ver un buen vídeo sobre las actividades y trabajos que se realizan en los talleres de Soldadura y Mantenimiento del IES Castilla.

https://drive.google.com/file/d/1Wx6skUBdLg_ZKdnXi1VK0bMT0_k3ZRu6/view

PROYECTO IoT (DEPARTAMENTO DE TECNOLOGÍA)

PROYECTO DE IoT Comunicación con placa ESP32 utilizada en proyectos IoT. Sensores de diferente naturaleza transmiten la información o dat...